Santuario della Madonnetta

2013-05-12 · Ascensión del Señor

Ascensión del Señor

Lecturas: Hechos 1, 1 11; Efesinos 1,17 23; Lucas 24,46 53

En nombre de Cristo se predicará el perdón y la conversión a todas las naciones. De esto sois testigos.

Lecturas: Hechos 1, 1 11; Efesinos 1,17 23; Lucas 24,46 53.

1 – No es una despedida – La ascensión no es el final de la misión y la presencia de Jesús entre nosotros, sino el inicio de una nueva fase de la salvación realizada por Cristo con nosotros a través del Espíritu Santo. Este es el significado de las últimas palabras de Jesús, antes de ascender a los cielos: “Yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo”. La Iglesia es una clara evidencia de esta presencia constante. De hecho, Jesús se queda con nosotros de diferentes maneras: a través del ministerio apostólico (Papa, obispos, sacerdotes), los sacramentos (bautismo, eucaristía, matrimonio, etc.), el libro de la Palabra, la comunidad humana.

2 – Más arriba – En realidad, con la Ascensión es justamente el hombre- a través de la naturaleza humana de Jesús- que sube con Cristo en el corazón de Dios. Por lo tanto, nosotros, aunque estamos viviendo en la tierra, estamos ya en el Cielo con Jesús. La vida cristiana debe ser una continua ascención hacia el plano infinito de Dios, enriqueciéndose con la plenitud humana y divina de Cristo que se realiza completamente en todas las cosas. “Venimos de Dios y el deseo insaciable de amor y de felicidad que nos persigue es el llamado urgente del Padre celestial para transformarnos en Él, para estar en comunión con Él en la dicha infinita. De esta manera el hombre vuelve a las alturas originales donde Dios lo había colocado: frustraciones, desesperaciones, conflictos, represiones, angustias serán más fáciles de resolver” (N.Irala).

3 – Serán mis testigos – Con la Ascención se inicia nuestro viaje en el nombre de Jesús, por el mundo. Ser testigo es la frase exacta: no sólo somos los representantes de Cristo sino los que lo personifican: “Maravillaos – dice San Agustín-, no son sólo cristianos, es el mismo Cristo”! Testimoniar quiere decir hacer ver nuestro “ser Cristo”, mostrar en cada gesto la vida de Cristo, vivir su misma historia humana. Cristo, entonces, “desaparece” porque quiere que nos adelantemos. Lo dice un lindo texto de un canto: Dios no tiene ni manos ni pies, ni ojos ni oídos; nosotros somos sus ojos, sus manos, sus pies.

4 - ¿En qué punto estamos? – todavía son muy pocos los cristianos que “creen” a tal punto de identificarse en todo y por todo con Cristo. Debemos darnos cuenta de que cada uno de nosotros es un todo con Cristo. La identidad cristiana es justamente esto: Yo soy una sola cosa con Cristo! Tal vez no me doy cuenta, pero todo el mundo quiere ver a Jesús en mí: en especial los que no creen!. Dondequiera que vaya lo llevo conmigo y lo manifiesto; Él también se sirve de mí para salvar el mundo. Empeñémonos siempre en decir y hacer lo que Él diría y haría en esa circunstancia. ¿Qué más tenemos que testimoniar, sino que Él está en nosotros y nosotros en Él?

5 - Un programa de vida – Agustín lo resume así: “Hoy nuestro Señor Jesucristo ascendió al cielo; que con Él suba también nuestro corazón”. Suena raro, pero no se puede vivir bien en la tierra, si no tenemos el corazón allá arriba. Así que el celo misionario para mejorar el nivel de la vida humana en la tierra, es proporcional al celo místico que nos lleva continuamente al cielo para disfrutar de las realidades divinas. Los verdaderos místicos son los que viven con el corazón en las alturas y los pies firmemente plantados en el suelo. Y la llamada “mística” debe convertirse en la cifra normal para todos: buscar las cosas de allá para importarlas en la tierra, poniéndolas dentro de las pequeñas realidades del mundo. Entonces, el tiempo se convertirá en lo eterno, lo finito en lo infinito. ¡Así la dimensión social del cristianismo es una sola cosa con su dimensión trascendental!.