2013-01-27 · Cuarto domingo
Cuarto domingo del tiempo ordinario
Lecturas: Jeremías 1,4-5.17-19; Corintios 12...13; Lucas 4,21-30
Te bendigo, Padre, porque has revelado a los pequeños los misterios de los Cielos
Lecturas: Jeremías 1,4-5.17-19; Corintios 12…13; Lucas 4,21-30.
1 – Nadie es profeta en su tierra – El recibimiento que los conciudadanos de Nazareth han hecho a Jesús, ha sido un rechazo desdeñoso porque no cumplió allí los milagros que hizo en Cafarnaum. La respuesta de Jesús nos hace reflexionar: “Nadie es profeta en su tierra”. Es como decir que siempre se prefiere a un extraño en vez que a un familiar. Sin embargo, ¿quién es más consanguíneo del hombre que Dios? Tú –exclama San Agustín- eres más íntimo que mi misma intimidad y más alto que mi parte más alta” (Las Confesiones 3, 6, 11).
2 - Una larga historia – Por extraño que parezca: muchas veces Dios recibe el mismo trato de parte de los hombres. Justo sus íntimos no lo entienden, lo contestan y traicionan. La historia de Israel, el pueblo elegido por el Señor, está llena de infidelidades. Incluso, los conciudadanos de Nazareth lo arrastran hasta el borde de la colina para tirarlo abajo; y un día no muy lejano de este hecho también los ciudadanos de Jerusalem llevarán a Jesús hasta la cima del Calvario para crucificarlo. La primera lectura, alude: “Los hombres lucharán contra ti pero no te vencerán porque yo estoy contigo para salvarte”.
3 – Ahora nos toca a nosotros – Hoy los habitantes de Nazareth, los conciudadanos de Jesús, son los cristianos. De hecho las naciones “cristianas” dan señales de hostilidad y de rechazo de Cristo: se averguenzan de sus raíces cristianas. ¿Cómo se justifica todo esto? Porque muchos están convencidos que el Evangelio, no es solamente incompatible con la cultura, la ciencia y el progreso, sino que también con la autonomía de la libertad humana. Escuchamos como miserable excusa: “yo no logro cumplir el Evangelio”.
4 –La * raíz* – Existe un ambiente secular y no religioso que a menudo no ayuda a creer. Y es verdad. Pero la razón más profunda de un rechazo, está siempre dentro de cada individuo. Ahí es donde se lleva a cabo la batalla con Cristo; la crisis de conciencia; la lucha diaria entre la criatura que afirma su propia autonomía y Dios que llama para entrar; entre el bien y el mal; entre las pasiones y la dignidad humana. La Iglesia, a través de Juan Pablo II, implora a todos: “Abre, abre las puertas a Cristo” porque Él es el único salvador de la humanidad!.
5 – Cristianos convencidos- Cada generación está llamada a revivir el mismo camino de fidelidad a Cristo. La Iglesia, desde este punto de vista, desea ofrecer las condiciones más favorables para liberarnos del complejo de ser cristianos “forzados”. Hoy en día, después del Concilio, se respira un ambiente de gran libertad y apertura, de comprensión hacia todas las religiones, de una espera paciente, de estímulos aptos a dialogar y colaborar: lo saben muy bien los convertidos. De hecho, se está formando un cristianismo lleno de frescura, calidez y entusiasmo. Un cristianismo convencido y gozoso que no deja Cristo acurrucado en un rincón de la vida, más lo desea al centro de su corazón y lo quiere llevar a todos. El Evangelio estimula a los cristianos a imitar el empeño y la iniciativa que otros tienen, lamentablemente, para sus hazañas de odio y muerte. ¿Seguirán siendo ciertas las palabras de Jesús: ¿“Los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la Luz”?