2013-04-28 · Quinto Domingo
Quinto Domingo de Pascua
Lecturas: Hechos 14,20‑26; Apocalipsis 21,1‑5; Juan 13,31‑33.34‑35
Les doy un mandamiento nuevo : que se amen los unos a los otros
Lecturas: Hechos 14,20‑26; Apocalipsis 21,1‑5; Juan 13,31‑33.34‑35.
1 ‑ Nuevo cielo y nueva tierra ‑ La Resurrección es por lo tanto el inicio de una nueva vida en la tierra, radicalmente diferente del modelo pagano, en el que el hombre prácticamente elimina a Dios y toma su lugar, para luego adorar a las criaturas más que al Creador. De esta manera el hombre es llevado a sus orígenes verdaderos y a la fuente completa de la vida humana, en total comunión de amor con Dios y la humanidad. El apóstol Juan expresa muy bien esta realidad con la visión de la esposa ataviada para su esposo: “¡He aquí la demora de Dios con los hombres! Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo, y él será Dios-con-ellos”.
2 – El mandamiento nuevo – Toda la vida humana se basa sobre el ejemplo de Jesús, quien, antes de morir, les dijo a los apóstoles como vivir la nueva vida: “Como yo os he amado, que también os améis unos a otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros”. Por tanto la novedad de la vida es vivir como Él vivió, amar como Él nos ha amado, perdonar las ofensas y las faltas: el egoísmo, la envidia, la violencia.
3 – Él ya es – Nuestra vida cristiana aún sufre de algunas actitudes que, si se reflexiona bien, son bastante extrañas. ¿Porqué sentimos que Dios todavía está muy lejos? Porque las expresiones de la vida moral y religiosa (los sacramentos y todo lo que es rito sagrado) están separadas de lo que es la vida concreta. Al final, lo que llamamos amor humano, es “ya Él en persona”. Por lo tanto ser cristianos es la cosa más natural del mundo. Los sacramentos son la relación vital entre Dios y el hombre, que toca los aspectos concretos de la vida humana. Los primeros cristianos no se limitaban a hacerlo todo por un amor humano: sino que lo hacían todo “EN EL SEÑOR”. Evidentemente, esta vida la concebían solo completamente inmersa en Dios, porque el amor verdadero abarca todo y todos. Probemos simplemente a pensar que cosa significa amar a los otros en el Señor: en el matrimonio, en la familia, en el barrio, en el lugar de trabajo. La respuesta nos lleva a esta conclusión: ¡yo amo a los demás como Dios los ama!
4 – Nuestro Bautismo – Pensamos poco en esto. Habiéndolo recibido apenas nacidos, no lo hemos vivido como algo radicalmente diferente, no lo hemos entendido en toda su plenitud. Tal vez la imagen más apropiada es la siguiente: un diluvio de misericordia y de gracia divina. Su vitalidad debe llevarnos a la verdadera vida de Dios, transformando nuestra mentalidad y nuestra forma de vida. O sea: ¡criaturas nuevas! Así hablaba San Agustín a los neófitos, a los que habían acabado de recibir el bautismo en la noche de Pascua: “Alegrémonos y demos gracias a Dios: no solo nos hemos convertido en cristianos, sino que en el mismo Cristo. ¿Entienden hermanos?.¿Se dan cuenta de la gracia que Dios ha derramado sobre ustedes?. Asómbrense, alégrense: hemos sido hechos Cristo! Si Cristo es la cabeza y nosotros los miembros, el hombre completo es Él con nosotros. Todos juntos somos Cristo”. (Comentario al Evangelio de Juan 21,8).
5 - Conclusión – Otro pensamiento de Agustín: “Una vez por todas se te impone un breve precepto: ama, y haz lo que quieras ; si te callas, calla por amor; si hablas, habla por amor; si corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor; sea en ti la raíz del amor, porque de esta raíz no puede venir si no el bien” (Comentario a la primer carta de Juan 7,8).