Santuario della Madonnetta

2013-06-16 · Undécimo Domingo

Undécimo Domingo del Tiempo Ordinario

Lecturas: Samuel 12, 7 10.13; Gálatas 2, 16.19 21; Lucas 7, 36 50

Sus pecados le fueron perdonados porque mucho ha amado

Lecturas: Samuel 12, 7 10.13; Gálatas 2, 16.19 21; Lucas 7, 36 50.

1 - Un Dios que perdona – Tratemos de imaginar un mundo en el que el hombre no tuviese ninguna posibilidad de ser perdonado ni por Dios ni por los hombres: sería la desesperación… Es por eso que el Salmo responsorial canta la bendición del hombre que tiene la posibilidad de ser siempre perdonado por Dios: “Tú eres un refugio para mí, de la angustia, me guardas, me rodeas de cantos de liberación. Todos los rectos de corazón, griten de gozo”! Por otro lado, si no hay perdón, sería inútil hablar del pecado; así que: “Devuélveme, Señor, la alegría del perdón”. A partir de aquí comienza la esperanza cristiana y humana: si Dios me perdona, quiere decir que puedo lograr liberarme del mal para siempre.

2 - La fe en Jesucristo – La fe es una tarea difícil porque, desde el primer impacto, exige que el hombre se reconozca, efectivamente, no sólo como criatura de Dios, sino también como pecador y reconoce a Cristo como su único Salvador. Tres órdenes de razones que deben ser recibidas con lucidez en toda su extensión. La fe ,en efecto,se inicia con un acto de perdón infinito de parte de Dios que nos remite el pecado original y eventualmente cualquier pecado personal. Ninguna “buena obra” cumplida por el interesado valdría para él la reconciliación con Dios. San Pablo expresa esta verdad muy claramente: “nadie se convierte en justo por cumplir la Ley, sino por la fe que trae Cristo Jesús… Lo que vivo en mi carne (o sea en el tiempo), lo vivo con la fe: ahí tengo al Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí”.

3 - Pedir perdón – Por nuestra parte, se nos pide la abierta confesión de nuestros pecados: ¡“He pecado contra el Señor”! -clama David. “ El Señor ha quitado tu pecado, no morirás” – nos asegura Natán. La confesión auténtica es siempre un acto de amor, que brota de lo más profundo del corazón y expresa su pesar por haber ofendido a la persona más querida: Dios ;quién ama, se confiesa o confiesa gratitud por el don de Dios, o bien confiesa la culpa y pide perdón: ¡Gracias, Señor! - ¡Perdóname, Señor!

4 – La mujer pecadora- Es el símbolo de la criatura humana que alcanzó el punto culminante de la abyección y autodestrucción, se arroja a los pies de Dios, segura que será perdonada y salvada sólo por Él, mientras que los hombres la quisieran eliminar: “Tu fe te ha salvado”. Simón, el fariseo, al contrario, es la figura de la obtusidad humana que peca y se justifica acusando a los demás. La calma respuesta de Jesús aclara, ya sea el hecho del perdón, ya sea el rechazo del perdón: “Sus pecados, sus numerosos pecados, le quedan perdonados, por el MUCHO amor que ha manifestado. En cambio aquel al que se le perdona poco, demuestra POCO amor”,

5 - La situación actual – Hay muchas personas que han perdido la esperanza de ser perdonadas por Dios y por los hombres, y de poderse “rehabilitar” con una nueva vida (presos, drogadictos, fracasados, marginados, etc.). Un gesto de comprensión y de aceptación eficaz es el único remedio para restablecer la esperanza en una recuperación social y moral personal. También la violencia tiene como matriz la convicción de que “a esta altura no hay nada que hacer”. Por lo tanto, como cristianos, aprendamos a sustituir la intransigencia de muchos con la misma aceptación que tiene Cristo por nosotros. ¡Esta sí que es igualdad perfecta!