Santuario della Madonnetta

2014-09-21 · XXV Domingo

XXV Domingo Del Tiempo Ordinario

Lecturas: Isaías 55, 6 9; Filipenses 1, 20-27; Mateo 20, 1 16

Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.

Lecturas: Isaías 55, 6 9; Filipenses 1, 20-27; Mateo 20, 1 16.

1 - La diferencia – El Señor nos habla por boca de Isaías explicándonos su comportamiento, lleno de comprensión y perdón: “Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos. Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos a los caminos de ustedes”. Este texto nos ayuda a entender el sentido del Padre Nuestro: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Por supuesto, Dios es infinito en todo y ni siquiera el mal es un obstáculo para su amor. ¡Al contrario! Paradójicamente, se puede afirmar que mientras para nosotros el pecador es el último del que nos preocupamos, para Dios es siempre el primero, ya que tiene más necesidad de salvación.

2 - En todas las horas – Entonces, el Señor llama al hombre a cooperar con Él a la salvación del mundo, empezando por los que necesitan más misericordia. La hora de Dios no tiene pausas ni demoras: ¡cada momento de la vida y de la historia humana es una formidable llamada a la perfección! Ahora, si es verdad que Dios llama en todas las horas de la vida, es aún más cierto que cada uno de nosotros debe sentirse invitado desde la primera hora y en cada momento del día. Como en la vida, hay horas que marcan mejor las tareas más importantes, por lo que en la parábola evangélica hay horas que marcan mejor la pasión de Jesús: la aurora (el inicio del proceso), las nueve (la condena), el mediodía (crucifixión), las tres (la muerte) y las cinco de la tarde (la sepultura). ¡Cada hombre está llamado a revivir algún momento de la pasión del Señor!

3 - El mismo salario – Tratándose de la salvación del hombre, se puede bien decir que “el salario” por el trabajo desarrollado es la salvación misma. Uno no está más o menos salvado. ¡Está salvado y eso es todo! El salario -o sea el mismo dinero para todos- es Dios. Su generosidad no nos debe parecer una injusticia, más bien una mayor justicia: “¿Acaso estás envidioso por qué yo soy bueno?” Afortunadamente en el cielo no habrá medidor de nuestras bajezas, pero el “Espíritu sin medida” para todo el mundo.

4 - ¿Y yo? – El quid de la parábola está aquí: he sido llamado a trabajar desde el día de mi bautismo. ¿Cómo he respondido? En este momento la Iglesia y el mundo no pueden prescindir de nadie. La contribución de cada uno por lo tanto es esencial para resolver los inmensos problemas causados por el usual egoísmo y por las infinitas “omisiones de auxilio”. En la parábola ninguno de los llamados dejó de ir enseguida a trabajar. Si también hoy fuera así… La invitación, por lo tanto, está dirigida en primer lugar a los holgazanes o a los desempleados del momento. ¿Cuántos lugares vacíos, cuántas personas esperan recibir ayuda! Recemos para que todos sientan la necesidad de responder enseguida a la llamada de Dios.

5 - Puntos concretos – La Iglesia ofrece a todos una rica gama de posibilidades concretas en el campo de la catequesis, de la educación, del servicio caritativo y social, de las misiones. Las diócesis y las parroquias se están preparando para comenzar un nuevo año pastoral, que debe ser una “página nueva”. Esto será posible sólo si se podrá contar con el apoyo de todos: en primer lugar con el testimonio de vida y luego con el apostolado activo. “El sentido profético del hombre nuevo se nos propone en cada momento a nuestro sí (fiat) como si fuera el primer día (Emmanuel Mounier)”. El Señor renueva siempre la invitación hasta el final: no lo eludamos.