Santuario della Madonnetta

2016-01-17 · Segundo domingo

Segundo domingo del tiempo ordinario

Lecturas: Isaías 62,1-5; 1° Corintios 12,4-11; Juan 2,1-11

Nadie te llamará más Abandonada, te llamarán “Desposada”

Lecturas: Isaías 62,1-5; 1° Corintios 12,4-11; Juan 2,1-11.

1 – Agua y vino – El milagro de las bodas de Caná es mucho más que un milagro de la bondad del Señor que de esta manera revela por primera vez su divinidad. Jesús está presente en el  matrimonio de un hombre y de una mujer para revelarnos un misterio maravilloso: el matrimonio entre Dios y sus criaturas. Leemos en Isaías: “Pues como el joven se desposa con la virgen, se desposarán contigo tus hijos; y como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo”. Y San Agustín explica: El Verbo es el esposo y la carne humana la esposa: el vientre de la Virgen María es el lecho donde Él se convierte en el jefe de la Iglesia (tratado sobre el Evangelio de Juan 8,4). En el milagro realizado por Jesús la naturaleza humana está representada por el agua; la naturaleza divina por el vino: efectivamente el amor divino asume y transfigura el amor humano.

2 – Todos estamos casados – De esta manera el matrimonio natural se convierte en sacramento, es decir el signo concreto de una realidad divina mucho más grande: las bodas entre Dios y el hombre. Muchas veces en el Antiguo Testamento, Dios se presenta como el Esposo del pueblo de Israel, para indicar que el hombre está invitado  a una íntima y perfecta comunión de vida con Él: “Amarás a tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas” Lamentablemente el pobre catecismo de nuestra infancia, no es capaz de darnos una visión clara de esta maravillosa realidad de la vida cristiana: en el mejor de los casos nos sentimos hijos de Dios y hermanos entre nosotros, pero no cónyuges de Dios y madres de los hombres. Preguntémonos si nuestra forma de vida cristiana nos enamora de Dios y si consideramos a Dios  como el esposo de nuestros corazones, como la persona más amada y más querida de nuestras vidas.

3 – ¿Y los otros? – Aquí también se aplicará la misma norma: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Casarse con todas las criaturas….¡qué palabras! Sin embargo, Jesús, antes de morir ruega al Padre así: “Que todos sean uno, como tú Padre estás en mi y yo en ti”. La Iglesia debe ser ya ahora lo que será el mundo al fin de los tiempos. Ésto significa vivir plenamente la realidad del bautismo: sentirnos todos los días casados con el amor de Dios y de la humanidad. Si los niños y jóvenes crecerán  con esta profunda convicción de ser llamados a casarse con Dios, entonces  sabrán donar su propia vida en el matrimonio y en causas mucho mayores.

4 – Puntos concretos - a) Llegó la hora  de tomar en cuenta el tema  del amor conyugal abierto a todos, no sólo reservado a una “elite” de santos y consagrados, b) vivimos en una época donde tenemos hambre y sed de amor verdadero, de comprensión, de compañía… Sentirnos cobijados por el amor de Dios significa vencer definitivamente la soledad, el drama de concentrarnos sólo sobre nosotros mismos o vagar sin meta en esta tierra, c) no tenemos que “servirnos” del Señor sólo en los momentos de dificultad; no son suficientes la confesión n y la comunión hechas sólo una vez por año: todo momento del día debe estar lleno de Dios en un “sí” fiel y sin cálculos, d) consideremos a los demás como a nuestros seres queridos, rezando siempre por todos y trabajando para el bien común.