Santuario della Madonnetta

III - LA TRINIDAD

La Vida de las tres Personas divinas

1 - Existía, existía, existía en el principio (Serm. 135,3,4)

2 - Esta Trinidad es Trinidad de tal modo que es un solo Dios, y de tal forma es un solo Dios que es Trinidad (Gn. let. inc. 16,61)

3 - Las Personas divinas, aún siendo tres, son cada una de ellas Dios, y, sin embargo, no son tres dioses. Toda la Trinidad es un solo Dios (Rep. Arr. 15,9)

4 - “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. En el nombrey no en los nombres, porque esos tres son una sola cosa, los tres son un solo Dios. (Rep. Max. 2,22,3)  (Pol. Mas. 2,22,3) (C. Mas. 2,22,3)

5 - Hay ahí algo inefable que las palabras no pueden explicar: que hay número y no lo hay. Sí, el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, son tres, tres ¿qué? Así, Dios ni se retira del número ni se ata a él… Si quieres saber qué cosa son los tres, el  número  ya no sirve. Cuando hayas comenzado a pensar, empiezas a numerar; cuando hayas numerado, no puedes responder qué has numerado. El número sirve solo para indicar lo que son recíprocamente, no lo que son respecto a sí (Tr.Ev.Jn. 39,4)

6 - El Hijo viene del Padre por generación; el Espíritu Santo viene del Padre y del Hijo por procesión… Autor de la procesión es el Padre porque generando al Hijo le concedió que el Espíritu Santo también procediera de Él (Rep. Max. 2,14,1) (Pol. Mas. 2,14,1) (C. Mas. 2,14,1)

7 - Pero ¿quién podrá explicar en aquella excelentísima naturaleza la diferencia que hay entre nacer y proceder? Porque no todo lo que procede nace, aunque todo lo que nace procede, Pero no sé, no puedo, carezco de fuerzas para distinguir entre aquella generación y esta procesión. (Rep. Max. 2,14,1) (Pol. Mas. 2,14,1) (C. Mas. 2,14,1)

8 - Las obras de la Trinidad son inseparables. Únicamente del Padre leemos que no fue enviado, pues sólo Él no tiene autor de quien sea engendrado o de quien proceda. Y así, no por la diversidad de la naturaleza (que no existe en la Trinidad), sino por la misma autoridad, solamente del Padre no se dice que sea enviado. Pues el esplendor o el calor no envían el fuego, pero es viceversa:  el fuego manda sea el resplandor sea el calor (Rep. Arr. 4,4)

9 - El Padre obra mediante las razones de su Verbo y la incubación (o amor) de su Santo Espíritu (Gn. lit. 1,18,36)

10 – La Trinidad es el único Dios, por obra del cuál hemos sido creados, por semejanza del cuál somos formados a la unidad y por la paz del cuál adherimos a la unidad. Es el principio adonde retornamos, el modelo que hemos de seguir y la gracia por la que somos reconciliados (Ve.Re. 55,113)

11 – De Él, gracias a Él y por Él son todas las cosas: de Él, como de aquel que no debe a nadie lo que es; gracias a Él, como para indicar un mediador; por Él, como para recordar aquel que las contiene, es decir, que las une conjuntamente (Fe y Simb. 9,19)

12 – En el Padre existe la unidad, en el Hijo la igualdad y en el Espíritu Santo la armonía entre unidad e igualdad. Y estas tres cosas son un todo a causa del Padre, son todas iguales para el Hijo, comunicantes entre ellas a causa del Espíritu Santo (Doctr. Cr. 1,5,5)

13 – En la Trinidad la esencia (o naturaleza) se considera simple porque en ella ser-existir-tener se identifican, exceptuada la relación que cada persona dice con respecto a la otra. Pues ciertamente el Padre tiene un Hijo, pero Él no es Hijo; y el Hijo tiene un Padre, pero Él no es Padre. Por tanto, en lo que dice relación a sí mismo y no a otro, esto es lo que tiene; como se dice viviente con relación a sí mismo, teniendo ciertamente la vida y siendo Él mismo la misma vida (Ciu. 11,10,1)

14 – Todo lo que se atribuye a la excelsa sublimidad de Dios, se le atribuye de modo absoluto y tiene significado sustancial; lo que se le atribuye en el sentido de la relación no atañe a  la sustancia pero a la relación. Tengamos también bien firme que la identidad de sustancia es tan potente, que todo lo que se le atribuye a cada una de las Personas en sentido absoluto no debe ser entendido al plural sino que al singular. No existen tres dioses o tres grandes, pero el Padre es grande, grande es el Hijo y grande es el Espíritu Santo (Trin. 5,8,9)

15 – Y he aquí una cierta imagen de la Trinidad (que se realiza en el espíritu del hombre): el espíritu, su conocimiento, que es su prole y el verbo engendrados por ellos y, en tercer lugar, el amor (que procede de la voluntad). Estas tres cosas son una sola substancia. Ni es menor la prole cuando la mente se conoce tal como es, ni menor el amor si se ama cuanto se conoce y es (Trin. 9,12,18)

16 –Si ves la caridad tú ves la Trinidad. Cuando amamos la caridad, la amamos como amante de algo, por el hecho mismo que la caridad ama algo. Efectivamente, no es caridad la que no ama nada ni nadie. Si se ama a sí misma, necesita amar algo para amarse con caridad. ¿Qué ama la caridad sino lo que amamos con caridad? Éste es el amor fraterno: “Queridos hermanos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de él y lo conoce. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor” (I Jn. 4,7-8). Pues, la razón por la cual no se ve a Dios es porque no se ama al hermano. Amándolo con caridad espiritual, poseemos la mirada interior con la que se puede ver a Dios (Trin. 8,8,12)

17 – Debemos amar a Dios, como a una cierta unidad trina: Padre, Hijo y Espíritu Santo; que no son otra cosa que laexistencia misma. De hecho, Dios es de modo verdadero y sumo (Co.Ig.Cat. y Man.1,14,24)

  1. Las tres Personas de la Trinidad, vienen a nosotros cuando nosotros  vamos a ellos: vienen a nosotros ayudándonos, vamos a ellos obedeciendo; vienen a nosotros iluminandonos, vamos a ellos contemplando; vienen a nosotros  llenándonos de su presencia, vamos a ellos acogiéndolos (Tr.Ev.Jn. 76,4)

19 –La esencia de Dios no tiene nada mudable, ni en su eternidad, ni en su verdad, ni en su voluntad. En Dios son eternos la verdad y la caridad;  verdaderos son la caridad y la eternidad; amables son la eternidad y la verdad (Trin. 4, Pr.)

20 – Cuando amo existen tres cosas: yo, lo que amo y el mismo amor. No amo el amor, si no lo amo  amante; porque no hay amor donde no se ama nada. Cuando uno se ama a sí mismo, el que ama y lo que ama se identifican. Ahora, amarse a sí mismo y amar su propio amor, son dos cosas diferentes. No se ama el amor sino cuando se ama algo; porque cuando no se ama nada, no hay amor (Trin. 9,2,2)

21 – El espíritu, su amor y su conocimiento son tres cosas, y las tres son unidad; y cuando son perfectas, son iguales (Trin. 9,4,4)

22 – La memoria, la inteligencia y la volutad no son tres vidas, pero una vida sola. Cada una de las tres, considerada en sí misma, es vida, espíritu, esencia; pero como memoria, inteligencia y voluntad se dicen en sentido relativo. Y estas tres cosas son una sola cosa (Trin. 10,11,18)

23 – Abraza al Dios amor y abrazalo con el amor (Trin. 8.8.12)  

El Padre, dador de la vida

1 –El principio es una prerrogativa de pertinencia de la paternidad. Ustedes, que son padres, reconozcan a Aquel que es desde el principio: pues se convierten en padres reconociendo al que es desde el principio (Com. I Jn. 2,5)

2 – Es sumamente uno, el Padre de la Verdad, Padre de su Sabiduría, la cual, por su total parecido, se llama su semejanza y su imagen, porque de Él procede (Ve. Re. 43,81)

3 – Dios es nuestro Padre, la Iglesia es nuestra Madre: por lo tanto somos hermanos (Serm.56,10,14)

4 – Cada uno de nosotros tiene su propio padre en la tierra, pero todos juntos tenemos un sólo Padre en el cielo. “Padre nuestro, que estás en el cielo”: Es justo a Él que invocas como Padre. Y este único Padre ha querido tener una sola Esposa. Por consiguiente, quienes adoramos a un único Padre, ¿por qué no reconocemos una única Madre? Si dices que tú has nacido de otra madre, quiere decir que ella te ha engendrado de un seno ajeno (Serm.Ig. Ces. 5)

5 – ¡Oh cómo nos amaste, Padre bueno, que no perdonaste a tu Hijo único, sino que lo entregaste a los impíos por nosotros! ¡Oh cómo nos amaste, por los que, él, no juzgando una usurpación su igualdad contigo, se hizo sujeto hasta morir en la cruz… Por nosotros sacerdote y sacrificio ante ti (Conf. 10,43,69)

6 – Pensemos, amadísimos, de quién comenzamos a ser hijos, y vivamos cual conviene a quienes tienen tal Padre. Ved que nuestro Creador se ha dignado ser nuestro Padre (Serm. 57,2,2)

7 – Padre nuestro: así lo ruegan el comandante y el mendigo; el siervo y su amo. Juntos dicen: Padre nuestro. Por tanto, comprenden que son hermanos dado que tienen un único padre. Que el amo a quien su Amo, Cristo, quiso tener como hermano no desdeñe tener como hermano a su siervo (Serm. 58,2,2)

8 – Las peticiones  de la oración dominical, es decir el Padre nuestro, son siete. Tres se refieren a la vida eterna: sea santificado tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo; y cuatro se refieren a la vida actual: danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras deudas, no nos dejes caer en la tentación, líbranos del mal. Esta oración les da fuerzas para aprender no solo a pedir, sino también lo que deben desear (Serm. 59,5,8)

9 – Mira a quién decimos: “Padre nuestro que estás en los cielos.” No es un amigo ni un vecino. Es uno que nos manda vivir en concordia, y ya que estamos unidos con una sóla voz ante el Padre, ¿por qué no debemos estar unidos en una única paz? (Serm. 357,4)

El Hijo, Verbo del Padre y luz de la Verdad

1 – El Verbo, el Hijo de Dios, es sí otro distinto del Padre, pero no es otra cosa: es otra persona, pero es la misma naturaleza. Él es absolutamente todo lo que es el Padre, menos que Él es el Hijo y no el Padre (Alm. y or. 2,5,9)

2 – Sabemos que el Hijo de Dios, en cuanto Hijo, no es de sí mismo, sino engendrado por el Padre. También sabemos que el mismo Padre es ingénito, que no procede de otro, que no ha recibido la vida de otro; que el Hijo ha recibido la vida del Padre, pero no como si durante algún tiempo hubiera estado sin vida, para más tarde recibir la vida. Pues el Padre le dio la vida engendrándole vida; engendrándol Vida, le dio la vida. El Padre tiene la vida en sí mismo; el Hijo tiene en sí la misma vida que el Padre. Sin embargo, el Hijo no recibe la vida de sí mismo, porque no ha nacido de sí mismo, sino que ha nacido del Padre. Él recibió la vida del Padre, porque nació en cuanto vida del Padre (Deb. Max. 13)

3 – Entre el Padre y el Hijo hay sólo esta diferencia: el Padre tiene en sí mismo una vida que nadie le dio; el Hijo, en cambio, tiene en sí mismo la vida que el Padre le dio (Tr. Ev. Jn. 19,11)

4 –El Padre, pues, es principio sin principio: el Hijo es principio de principio, pero uno y otro a la vez no son dos, sino un solo principio. Así como el Padre es Dios, también el Hijo es Dios, pero ambos a la vez no son dos dioses, sino un solo Dios. (Rép. Max. 2,17,4)

5 – El Padre fuente engendró una fuente. La fuente engendró otra fuente, pero la fuente que engendra y la engendrada son una única fuente; del mismo modo que son un único Dios el Dios que engendra y el engendrado, es decir, el Hijo nacido del Padre. el Padre y el Hijo son una sola cosa a causa de la única sustancia y son un único Dios a causa de la divinidad inseparable (Serm. 217,1)

6 – Lo que dice el Hijo, lo dice el Padre ya que, cuando habla, el Padre pronuncia su Verbo, que es su Hijo. Hablando, por así decir, en su modo eterno de ser, Dios Padre pronuncia el Verbo coeterno a Él (Gén. lit. 1,5,11)

7 – O, porque el Hijo es la Gran Palabra del Padre, ¿iban a correr palabras menores entre Padre e Hijo? Aparta todo lo corporal, mira la sencillez divina si quieres ser simple (Tr.Ev.Jn. 23,8)

8 – Así, por lo mismo que el Hijo es la imagen del Padre, es su Virtud y Sabiduría. La imagen plena y perfecta, esto es, no hecha de la nada por el Padre, sino engendrada de Él, no tiene menos que aquel de quien es imagen. Pues el Hijo unigénito es la imagen suma del Padre, es decir, de tal modo semejante a Él, que en ella no se da la menor desemejanza. (Rep. serm. Arr. 26,22)

9 – Por consiguiente, conoce todo le que conoce el Padre; pero su conocer y su ser le vienen del Padre. En Dios, ser y conocer son la misma cosa. En consecuencia, el Padre engendró al Hijo como “diciendo” a sí mismo, igual en todo a Él. Allí reconocemos en grado sumo el “Sí, sí; No, no”. Nada puede hacer el Hijo por sí mismo, sino lo que ha visto hacer al Padre. Potentemente no puede esto, y no es flaqueza, sino firmeza, por lo que la verdad no puede ser mentira. El Padre conoce todas las cosas en sí mismo y las conoce en el Hijo: en sí mismo como Él mismo; en su Hijo como en su Verbo, Verbo de todas las cosas existentes en el Padre (Trin. 15,14,23)

10 – “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios”. Mi Padre, puesto que soy el Hijo unigénito, y a vuestro Padre, puesto que han sido adoptados; es mi Dios porque me he hecho hombre, es Dios vuestro porque siempre son hombres. Y todavía: “Tú eres mi Dios desde el seno de mi madre”. Desde antes de entrar en el seno de mi madre eres mi Padre; desde el seno de mi madre eres mi Dios (Serm. 229 L,2)

11 - No era conveniente que fuera enviado el que engendra por el engendrado, sino éste por el que le engendra. Esto, sin embargo, no implica desigualdad de sustancia, sino orden de naturaleza: no en cuanto uno sea anterior al otro, sino en cuanto que uno viene del otro (Rép. Max. 2,14,8)

12 – Los textos sagrados hablan de un unigénito y primogénito: unigénito porque carece de hermanos, primogénito porque los tiene. La fe católica que distingue entre el creador y la criatura no tiene dificultad para entender estos dos nombres: Él es el unigénito según la divinidad y es el primogénito por una fraterna sociedad con los hombres, no de la misma sustancia, sino por la adopción de la gracia, (Resp. Sec. 5)

13 – Efectivamente, desde Moisés hasta los profetas y apóstoles, siempre fue Dios quien dio testimonio de su Hijo. Pero Dios da de otro modo testimonio de su Hijo: mediante el Hijo mismo indica Dios a su Hijo, se indica a sí mismo mediante el Hijo. Si un hombre pudiera llegar a éste, no necesitará lámparas y, cavando verdaderamente muy hondo, llevará el edificio a la roca. (Tr.Ev.Jn 23,4)

14 – El Hijo conoce al Padre por sí mismo, nosotros mediante Él (Tr.Ev.Jn 47,3)

El Espíritu Santo, fuego de Amor

1 – En la Trinidad únicamente el Hijo de Dios se llama Verbo de Dios, y el Espíritu Santo se llama Donde Dios, y al Padre le llamamos Principio engendrador del Hijo y de quien procede el Espíritu Santo principalmente. Y digo “principalmente” porque el Espíritu Santo procede también del Hijo (Trin. 15,17,29)

2 – El Espíritu Santo es don de Dios, en cuanto es otorgado a los que aman a Dios (Trin. 15,19,35)

  1. Cuando se dice que Dios Padre y Jesucristo son el único  Dios verdadero, se dice de manera que el Espíritu Santo no pueda estar excluido de la realidad de la divinidad  (Rép. Max. 2,15,4)  (Pol. Mas. 2,15,4) (C. Mass. 2, 15,4)

4 – El Espíritu Santo es la recíproca caridad del Padre y del Hijo: Dios es caridad. ¿Quién, pues, nombrará al Padre y al Hijo, y no entenderá ahí la caridad del Padre y del Hijo? (Tr. Ev. Jn. 9,8)

5 – El Espíritu Santo procede del Padre como don, no como nacido, y por esto no se le llama Hijo, pues no es nacido, como el Unigénito, ni fue hecho como nosotros. Lo que nació, dice relación con el Hijo, y por eso se le llama Hijo del Padre y no nuestro. Por el contrario, lo que se da dice relación al Dador y a aquellos a quienes se da. Así, el Espíritu Santo se dice Espíritu del Padre y del Hijo, que lo dieron, y también nuestro, pues lo recibimos (Trin. 5,14,15)

6 – El Espíritu Santo es caridad: Él se atribuye lo que es común al Padre y al Hijo (Trin. 15,19,37)

7 – El Espíritu Santo es la comunión consubstancial y eterna de caridad del Padre y del Hijo. Si en Dios la caridad fuera menos grande que la sabiduría, entonces la sabiduría no sería amada tal cual es; mientras que la sabiduría es igual al Padre. En consecuencia, también lo será al Espíritu Santo. Y es igual bajo todos los aspectos, a causa de la suma simplicidad de la substancia divina (Trin. 6,5,7)

8 – Pues no habita en nadie el Espíritu Santo sin el Padre y el Hijo, como tampoco el Hijo sin el Padre y el Espíritu Santo, ni el Padre sin los otros dos. La inhabitación de las personas cuya operación es inseparable, es también inseparable, pero la mayor parte de las veces ellas se manifiestan separadamente no en su misma naturaleza sino por medio de criaturas que las significan.

9 – ¿Qué Dios tan grande no será el que da a Dios? (Trin. 15,26,46)

10 – ¡Qué don tan excelso es el amor, sin el cual estos bienes tan grandes a nadie pueden conducir a la vida eterna! (Trin. 15,18,32)

11 – El Espíritu Santo es eternamente don, pero temporalmente es donado (Trin. 5,16,17)

12 – Amor libre y necesitado (de nuestro amor) (Gén.lit 1,7,13)

13 – El Espíritu Santo: asertor y guía de la libertad (Exp. Gál. 54)

14 – Recibes en la tierra al Espíritu Santo, y amas al hermano; lo recíbes del cielo, y amas a Dios (Serm. 265,8,9)

15 – El Señor nos dio la garantía del Espíritu  Santo, con el que podamos experimentar su dulzura, y codiciemos la fuente misma de la vida, en la que, con sobria embriaguez (ebrietas) seamos regados e inundados. Esa embriaguez no quita el sentido, sino que lo arrebata hacia lo alto y produce el olvido de las cosas terrenas (Co. Cris. 9,10)

16 – El Espíritu Santo es la caridad derramada en nuestros corazones: no aquella con que Dios nos ama a nosotros, sino aquella por la cual El nos hace amadores suyos (Esp. let. 32,56)

17 – El Señor ilumine tu mente y su divino Espíritu difunda en el tuyo tanta fuerza de humildad, tanta luz de la verdad, tal dulzura de caridad y tan piadosa paz, que prefieras vencerte a ti mismo en favor de la verdad antes que salir vencedor en la falsedad contra cualquier adversario (Alm. y or. 3,15,23)

18 –Debemos tener en nuestros corazones al Espíritu Santo todos los días…Pues Cristo se desposó con su Iglesia, y le envió el Espíritu Santo. Este Espíritu se lo dio como anillo nupcial. Quien le dio el anillo también le dará la inmortalidad y el descanso. Amémoslo, esperemos en Él, creamos en Él (Serm. Nue. 31,9)(Serm. 272/B,9)

19 – Lo que es el alma respecto al cuerpo del hombre, eso mismo es el Espíritu Santo respecto al cuerpo de Cristo que es la Iglesia. El Espíritu Santo obra en toda la Iglesia lo mismo que el alma obra en todos los miembros de un único cuerpo (Serm. 267,4)

20 –Quien ama al Espíritu Santo merece tenerlo más y teniéndolo más, logra amar todavía más. El  don mayor del Espíritu Santo también consiste en una conciencia más viva de Él (Tr.Ev.Jn. 74,2)

21 – Venga a tu pensamiento el Espíritu Santo: no se desdeñará de ser el portero. El Señor mismo dice de Él: “El Espíritu Santo les enseñará toda la verdad” (Jn.16,13). ¿Quién es la puerta? Cristo. ¿Quién es Cristo? La Verdad. ¿Quién abre la puerta sino quien enseña toda la verdad? (Tr.Ev.Jn. 46,4)

22 – El Espíritu Santo no habla por sí mismo, pero escucha a ese de quien procede. Escuchar para Él equivale a saber; y el saber se identifica con el ser. Así que debe su ciencia a ese de quien tiene la esencia; y su audiencia no es más que su ciencia (Tr.Ev.Jn. 99,4)

23 – Si quieren vivir del Espíritu Santo, conserven la caridad, amaen la verdad y deseen la unidad para llegar a la eternidad. Amén (Serm. 267,4)

24 – Quita el Espíritu, y la letra causa la muerte, porque convierte en reo al pecador en vez de liberarlo. Cuando la ley te ordena hacer algo, invoca al Espíritu para que te ayude (Serm. 229M,2)

25 – Peca contra el Espíritu Santo todo aquel que se desespera, o se burla o desprecia el anuncio de la gracia, que nos borra los pecados, o de la paz, que nos trae la reconciliación con Dios, y así rechaza de arrepentirse de sus pecados  y persevera en ellos hasta al final (Exp. Rom. 14)

26 – El Espíritu Santo , cuando es aplacado y benévolo, concede la paz a los mansos y humildes de corazón; cuando es contrario y hostil, agita con su inquietud a los crueles y soberbios (Lit. 55,16,29)

27 – Ya que el Espíritu Santo es Dios, amamos a Dios a través de Dios (Serm. 34,3)

28 – Pero no se puede decir que está en la Iglesia y pertenece a esta comunión en el Espíritu el que se mezcla con las ovejas de Cristo solo físicamente e hipócritamente. Porque el Espíritu Santo, maestro de la doctrina de disciplina detesta al hipócrita (Serm. 71,19,32)

29 – El Espíritu Santo santifica cada vez más los mortales en que habita, los cuales progresan renovándose cada día, responde a sus oraciones, los purifica en la confesión para prepararse un tiempo inmaculado en la eternidad… Aunque si en el  último día de vida se encontrarán lejos de haber alcanzado la etapa de la inteligencia espiritual, su huésped divino llenará todas las lagunas de su inteligencia, ya que nunca se han separado de la unidad del  cuerpo de Cristo ni de la comunión del templo de Dios … De una cierta manera ellos caminan, es decir transpiran abundante sudor en el esfuerzo de avanzar en el camino de la perfección, implorando de Dios, a través de la compasión inspirada por la fe, la claridad de la inteligencia (Cart. 187, 8,28-29)

Textos traducidos por María Beatriz May y María del Carmen.

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