X - LA VIDA INTERIOR Y LITÚRGICA
a) La oración
La alabanza
1 – La obra más grande del hombre, es simplemente alabar a Dios… Que tu quehacer sea la alabanza a Dios, que brote de tu corazón una buena palabra de alabanza (Com. Sal. 44,9)
2 – Alaba a la sabiduría con la vida, no con palabras, poniéndote de acuerdo con ella (Serm. 311,4) - Dejas de alabar a Dios cuando te apartas de la justicia y de aquello que a Él le agrada. Hermanos, cuando alaben a Dios, alabenlo íntegramente: cante la voz, cante la vida, canten las obras (Com. Sal. 148,2)
3 – Nadie alaba a alguien sin amarlo. Si quitas del corazón el amor, sólo queda la mentira (Serm. 365,1)
4 - Te alaban tus obras para que te amemos, y te amamos para que te alaben tus obras (Conf. 13,33,48)
5 – Mi alma te alaba para amarte, y confiesa los actos de tu misericordia para alabarte. No cesan ni callan tus alabanzas las criaturas todas del universo, ni los espíritus todos con su boca vuelta hacia ti, ni los animales y cosas corporales por boca de los que las contemplan, a fin de que, apoyándose en estas cosas que tú has hecho, se levante hacia ti nuestra alma de su laxitud y pase a ti, su hacedor admirable, donde está la energía y verdadera fortaleza (Conf. 5,1,1)
6 – La suprema alabanza es la del Hijo unigénito de Dios (Com. Sal. 108,2) – ¿Serás capaz de hacer que la alabanza de Dios sea más perfecta? Si ya toda ella es alabanza, ¿tú qué le vas a agregar? Dios es alabado en todas las criaturas, en todas sus buenas obras, en todos sus gestos de salvación. Sin embargo, todavía no había sido alabado por haber resucitado la carne a la vida eterna. Luego, la alabanza que se añade aquí es la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Esa alabanza añadida es la alabanza sobre toda alabanza pasada (Com. Sal. 70, d. 1,1,15).
7 – Me atrevo a decir que para ser alabado perfectamente por el hombre, Dios se alabó a sí mismo; y porque se dignó alabarse a sí mismo, por lo mismo, encontró el hombre el modo de alabarle (Com.Sal. 144,1)
8 – ¿En qué sentido el universo creado alaba a Dios? Porque, cuando la contemplas tú y la ves hermosa, por ella alabas a tu Dios. La belleza de la tierra es como una voz silenciosa que se eleva de la tierra. Meditas y ves su belleza, fecundidad y recursos. Pues bien; cuando, admirado, hayas investigado y escudriñado, y hayas encontrado el vigor inmenso, la gran hermosura, el excelso poder, como de sí misma y por sí misma no puede tener esta virtud, al instante se te ocurre que únicamente puede estar dotada de ella por haberla recibido del mismo Creador. Y lo que en ella encontraste es la voz de su confesión para que alabes tú al Creador. ¿Por ventura, considerando toda la belleza de este mundo, no te responde a una su hermosura: “No me hice yo, sino Dios”? (Com. Sal. 144,13)?
9 – El Señor es alabado por siempre en cuanto su amor permanece siempre (Com. Sal. 110,9)
10 – Un misterio se oculta, pues, en lo escondido y profundo de los juicios de Dios, para que hasta la boca de los justos enmudezca en sus propias alabanzas y no se abra sino para cantar las alabanzas de Dios. Y ¿quién podría escudriñar este misterio, quién descubrirle, quién comprenderle? (Espí. y let. 36,66)
11 – ¿Qué significa “aleluya”? Alabad al Señor. Pues ven, alabemos juntos al Señor. Si tú alabas al Señor y yo también lo alabo¿por qué deberíamos estar en desacuerdo? La caridad alaba al Señor, la discordia lo ultraja (Com. Sal. 149,2)
12 – Te sugiero una manera para alabar a Dios todo el día. Lo que hagas, hazlo bien, y ya alabaste a Dios. Prepárate para alabar a Dios durante todo el día con la pureza de tus obras (Com. Sal. 34,2,16)
13 – En su belleza, Él desea serte agradable y a ti te corresponde alabarlo con acción de gracias. Si tus obras no fueran alabanza de Dios, estás comenzando a amarte a ti mismo. No te complazcas en ti mismo; que tu complacencia esté en quien te creó. Sentirás desagrado en aquello que tú mismo has creado en ti (Com. Sal. 44,9)
14 – Cuando alabas a Dios y no te extiendes cuanto quieres, tu pensamiento se centra en el interior, y esta recapacitación te hace más idóneo de Aquel a quien alabas (Com. Sal. 145,4)
15 – Cuando lleguemos a la casa de Dios, que está en los cielos, no vamos a alabar solo por cincuenta días, sino por los siglos de los siglos. Veremos, amaremos, alabaremos. Todo será perpetuo, nada tendrá fin (Serm. 254,8)
16 – La alabanza de Dios en los bienaventurados será la efusión de su saciedad, porque Él es el alimento del corazón (Com. Sal. 21, d. 1,27)
17 – Sean plenamente agradecidos; estaban fuera, y ahora ya están firmemente anclados dentro. Ya nadie buscaba al Señor, y entonces Él mismo comenzó a buscar a los que ya no lo buscaban. Ahora lo conocemos íntimamente y lo alabamos. No pudiendo compensarlo, al menos démosle gracias (Com. Sal. 134,2)!
18 – Alabando a Dios en tí, te alabas a ti mismo: alábate no porque eres así o así, sino porqué Él te hizo; no porque tú eres capaz de hacer esto o aquello, sino porque en ti y para ti es Él quien puede (Com. Sal. 144,7)
El deseo
1 – Una cosa es la vida terrenal y otra cosa es la vida celestial. Si decides no seguir viviendo la vida de las bestias, comenzarás a desear lo que aún no posees: con el deseo has comenzado a vivir la vida de los ángeles (Tr.Ev.Jn. 18,7)
2 – Desterrados del gozo inmutable, no estamos, sin embargo, separados y arrojados hasta el punto de renunciar a la búsqueda de la eternidad, la verdad y la bienaventuranza, incluso en este mundo de cosas efímeras y cambiantes, pues nadie ansía la muerte, el error, la inquietud (Trin. 4,1.2)
3 – La vida entera del buen cristiano es un santo deseo. Lo que deseas aún no lo ves, pero deseándolo te capacitas para que, cuando llegue lo que has de ver, te llenes de ello. De igual manera, Dios, difiriendo el dártelo, extiende tu deseo, con el deseo extiende tu espíritu y extendiéndolo lo hace más capaz… Ésta es nuestra vida: ejercitarnos mediante el deseo. Pero el deseo santo nos ejercita en la medida en que apartemos nuestros deseos del amor mundano (Tr. I° Jn. 4,6)
4 – El deseo que Dios tiene de nuestro bien supera nuestro deseo. Él es más sabio que nosotros y sabe mejor que nosotros lo que nos es más beneficioso y el valor de lo que nos sucede (Serm. Nu. 4.5) - Dios no mira lo que tienes, sino lo que deseas (ivi 5,11)
5 – El Espíritu gime, y eso es porque nos hace gemir a nosotros, avivando nuestro amor hacia el deseo de la vida futura (Exp. Car. Rom. 46)
6 – Tus deseos se contradicen: quieres andar y no quieres llegar (Serm. 108,3) – Una abundancia trabajosa, una copiosa pobreza: deseo multiplicado por la variedad poliforme de las hermosuras temporales, filtrándose por los sentidos del cuerpo, arrancó al hombre caído de la unidad de Dios, con un tumulto de afectos efímeros, mientras corre en pos de esto y lo otro y todo se le escabulle de las manos (Ve. Re. 21,41)
7 – “No codiciarás” (Deut.6,5) y “Amarás” (Mt. 22,37). Lo primero se refiere al no codiciar (non concupisces); lo segundo, al amar (dilige); aquello a la continencia, esto a la justicia. Lo primero, a evitar el mal; lo segundo, a hacer el bien. Porque, al no codiciar, nos despojamos de la vejez, y, al amar, nos revestimos de la novedad (Perf. j. h. 5,11)
8 – Los hombres no podrían desear instintivamente la felicidad inmortal si no pudieran serlo (Rép. Jul. 4,3,19)
9 – Vuestros ardientes deseos parecen como manos invisibles, que llaman a una puerta invisible, para que invisiblemente se nos abra, invisiblemente podamos entrar, e invisiblemente podamos hallar descanso (Com. Sal. 103, d. 1,1)
10 – El deseo ora siempre, aunque calle la lengua. Si siempre deseas, siempre oras. ¿Cuándo se adormece la oración? Cuando se enfría el deseo (Serm. 80,7)
11 – El deseo es la oración interior que no conoce interrupción. Hagas lo que hagas, si estás deseando aquel sábado de la vida eterna, no interrumpes tu oración… Tu deseo continuado será tu voz continuada. Calla si dejarás de amar. El frío de la caridad es el silencio del corazón; el ardor de la caridad es el clamor del corazón… Si dentro de tí permanece el deseo, permanece el gemido; no siempre llega a los oídos humanos, pero nunca se aparta de los oídos de Dios (Com. Sal. 37,14) – Nuestro sábado está dentro del corazón. Aquel que tiene una buena conciencia goza de tranquilidad, y esa misma tranquilidad es el sábado del corazón (Com. Sal. 91,2)
12 – Siempre oramos con un continuo deseo, en la fe, esperanza y caridad. . Pero a ciertos intervalos de horas y tiempos oramos también vocalmente al Señor, para amonestarnos a nosotros mismos con los símbolos de aquellas realidades, para adquirir conciencia de los progresos que realizamos en nuestro deseo, y de este modo nos animemos con mayor entusiasmo a acrecentarlo. Una cosa es hablar durante mucho tiempo, otra cosa es un deseo íntimo y duradero (Cart. 130,9,18)
13 – En el corazón hay un altar celestial, y ese altar no lo abraza sino el que lava sus manos entre los inocentes. Allí, donde ofreces tus votos al Señor, donde haces tus oraciones, donde tu conciencia es pura, donde dices a Dios quién eres (Com. Sal. 25,2,10)
14 – Tenemos a Cristo dentro de nosotros como maestro. Cualquier cosa que no logren entender por defecto de vuestra inteligencia o de mi palabra, diríjanse, en sus corazones, a Aquel que sabe dar y saber a quién dar. Él asistirá a quien pide, y abrirá a quien llama. Y si, por casualidad, no da, nadie se considere abandonado. Y, si acaso no da, nadie diga que está abandonado, pues quizá difiere dar algo, pero no abandona a nadie hambriento. Si, en efecto, no lo da puntualmente, entrena al buscador, no desprecia a quien pide (Tr.Ev.Jn. 20,3)
15 – Cristo ora por nosotros como nuestro Sacerdote; ora en nosotros como nuestra Cabeza, y nosotros le oramos a Él como nuestro Dios. Reconozcamos en Él nuestra voz, y sepamos reconocer su voz en nosotros (Com. Sal. 85,1)
16 - Nada podemos decir de auténtico a los hombres si antes no la oyeras tú de mí, ni tú podrías oír algo tal de mí si antes no me lo hubieses dicho tú a mí (Conf. 10,2,2)
17 – Hace falta estimular el deseo cuando recaemos en los habituales pensamientos materiales, de modo que el deseo mismo se convierta en la mejor cura (Tr.Ev.Jn. 18,11) – Extendámonos con el deseo de Dios, para que cuando venga nos llene (Tr.I.Jn. 4,6)
18 – Tener en alto el corazón: he aquí la vida entera de los cristianos verdaderos: tener la esperanza puesta en Dios, no en ti. Si él no hubiese levantado nuestros corazones, yaceríamos en tierra (Serm. 229,3)
b) La liturgia
El año litúrgico
1 – En la vida del Señor Jesús, existe algo que es transitorio, destinado a pasar, y algo que permanece. Lo transitorio es el parto de la Virgen, la encarnación del Verbo, el progreso en la edad, la manifestación de los milagros, el sufrimiento de la pasión, la muerte, la resurrección y la subida al cielo. Estas acciones pertenecen al Hijo de David. Estable es, en cambio, la luz de salvación que recibimos del Señor de David (Com. Sal. 109,5)
2 – Aquel otro reino suyo administrativo y transitorio, por el que nos llamó a la eternidad mediante su carne, comienza por los cristianos, mas su reino no tendrá fin (Com. Sal. 109,10)
3 – Mientras se los mantenía en condición de catecúmenos, eran guardados en el granero. Distes vuestros nombres, comenzaron a ser molidos con ayunos y exorcismos. Luego se acercaron al agua, fueron bañados y hechos unidad; al llegar el calor del Espíritu Santo, fueron cocidos y se convirtieron en pan del Señor. He aquí lo que han recibido. Vean cómo el conjunto de muchos granos se ha transformado en un solo pan; de idéntica manera, sean también ustedes una sola cosa amándose, poseyendo una sola fe, una única esperanza y un indiviso amor (Serm. 229, 1-2)
Las acciones litúrgicas
1 – Le debemos el servicio de latria a Dios, tanto en los ritos litúrgicos como en nuestras conciencias. Somos, en efecto, todos a la vez y cada uno en particular, templos suyos, ya que se digna morar en la concordia de todos y en cada uno en particular; sin ser mayor en todos que en cada uno, puesto que ni se distiende ni disminuye. Cuando nuestro corazón se levanta a Él, se hace su altar: lo aplacamos con el sacerdocio de su primogénito; le ofrecemos víctimas cruentas cuando por su verdad luchamos hasta la sangre; le ofrecemos suavísimo incienso cuando en su presencia estamos abrasados en religioso y santo amor; le ofrendamos y devolvemos sus dones en nosotros, y a nosotros mismos en ellos; en las fiestas solemnes y determinados días le dedicamos y consagramos la memoria de sus beneficios; con el fuego ardiente de caridad le sacrificamos la hostia de humildad y alabanza en el ara de nuestro corazón. Para llegar a verlo como Él puede ser visto, y para unirnos a Él, nos purificamos de toda mancha de pecado y malos deseos: en su nombre nos consideramos cosas divinas (Ciu. 10,3,2)
2 – En la Iglesia los que asisten, si lo hacen como es debido, se convierten en la esposa. Pues toda celebración es celebración nupcial: se celebran las bodas de la Iglesia… Está a la vista que Cristo sufrió la pasión, resucitó y ascendió al cielo. Se ha manifestado también la Iglesia, puesto que en el nombre de Jesús se predica la penitencia y el perdón de los pecados en todos los pueblos de la tierra (Tr.I° Jn. 2,2)
La Misa
1 – ¿Qué sacrificio de alabanza hay más sagrado que en la acción de gracias? ¿Y cómo se puede dar mayores gracias a Dios que con su gracia por Jesucristo nuestro Señor? Todo lo cual saben los fieles que está en el sacrificio de la iglesia, del cual fueron sombras todos los sacrificios antiguos (Rép.Adv. L. y Pr. 1,18,37)
2 Cuatro elementos integran todo sacrificio: el que ofrece, a quien se ofrece, qué se ofrece y por quien se ofrece. El único y verdadero Mediador nos reconcilia con Dios por medio de este sacrificio pacífico, permanece en unidad con aquel a quien ofrece, se hace una misma cosa con aquel por quien se ofrece, y el que ofrece es lo que ofrece (Trin. 4,14,19)
3 – A través de la Palabra, el Cuerpo y la Sangre de Cristo se hacen realidad. En efecto, si quitas la palabra, no hay más que pan y vino; pronuncias la palabra, y ya hay otra cosa (Serm. 229,3)
4 – “Un único pan”. Pero no conten las palabras, sino que pondérenlas. Aunque su número es pequeño, su peso es grande. Sean los que sean los panes que se colocan hoy en los distintos altares de Cristo en todo el orbe de la tierra, es un único pan. El Apóstol Pablo lo explica muy bien: “Somos muchos, pero somos un único pan, un solo cuerpo” (1Cor. 10,17). Este pan es aquel cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Por lo tanto, lo que recibís, eso son ustedes por la gracia que los ha redimido. Cuando responden Amén, lo rubrican personalmente. Lo que están viendo es el sacramento de la unidad (Serm. 229/A,1)
5 – La fracción del pan es causa de consuelo para quienquiera que seas tú que llevas el nombre cristiano, si no lo llevas en vano; tú que entras en el templo pero con un porqué; tú que escuchas la palabra de Dios con temor y esperanza,. La ausencia del Señor no es ausencia. Ten fe y está contigo aquel a quien no ves. Aprendan dónde buscar al Señor, dónde tenerlo, dónde reconocerlo: cuando lo comen (Serm. 235,3)
La Liturgia de las Horas
1 – Rara vez encontrarás una voz en los salmos, que no sea la de Cristo y la Iglesia, o bien únicamente la de Cristo o la de la Iglesia, de la cual nosotros formamos parte. De ahí que no podemos menos de reconocer nuestra voz sin sentir una emoción especial. Y tanto más nos alegramos, si nos sentimos identificados con esa voz (Com. Sal. 59,1)
2 – Cuando nos acercamos a los salmos, no nos detenemos en el sentido literal, sino por la letra escudriñar los misterios (Com. Sal. 131,2)
3 – Cuando en los salmos santos, el salmista parece desear muchos males contra sus enemigos, no los desea, sino que los prevé profeticamente (Disc. 56,3,3)
El ‘Credo’
1 – Aprendan, digan todos los días, repitan al Señor el Símbolo de la fe. Trae a la memoria tu fe, mírate: tu Símbolo sea para ti como un espejo. La misma fe será también nuestra túnica y nuestra coraza: túnica contra la vergüenza, coraza contra la adversidad. La recompensa de nuestra fe será la visión de Dios (Serm. 58,11,13)
2 – Contiene todo lo que se debe creer para la salvación eterna… Créanlo para comprenderlo, pues, si no creen, no comprenderán. De esta fe esperen la gracia en la que todos vuestros pecados serán perdonados (Serm. 212,1)
3 – El ser el espíritu de esa generación fiel a Dios, significa el creer que su espíritu no podía por sí solo realizar la justicia sin Dios, sino con Dios. Esto es también creer en Dios, que es también más que creer a Dios. Creer en Dios lleva consigo el adherirnos a Dios, cooperando con él, que es quien realiza las buenas obras (Com. Sal. 77,8)
El ‘Padre nuestro’
1 – El “Padre nuestro” es la perfecta expresión y el modelo de lo que hay que desear (Serm. 56,3,4) – Es la oración diaria para nuestra salvación (Com. Sal. 103, d.1,3)
2 – Si revisas todas las palabras de la oración, contenidas en las Sagradas Escrituras, hasta donde yo creo, no encontrarás una que no esté contenida y resumida en esta oración que nos ha enseñado el Señor (Cart. 130,12,22)
3 – “Sea santificado tu nombre”. Pedimos que tu nombre sea santo entre los hombres, para los cuales todavía no es santo tu nombre porque aún no son fieles… Oramos por todos aquellos que persistentemente insisten en que Dios no es bueno y no juzga bien (Com. Sal. 103, d.1,3)
4 – “Venga tu reino”. El reino de Dios es sempiterno. Pero el tiempo de Dios, ¿cuándo será? ¿Y la última hora? Comparada con el gran día mismo, la hora es larga… Estemos despiertos ahora; con la muerte dormiremos, al fin [de los tiempos] nos levantaremos y sin fin reinaremos (Serm. 57,5,5)
5 – “Hágase tu voluntad”. Cuando haya concluido el combate que se libra en la tierra; cuando haya terminado la guerra que se combate en el corazón. Cuando toda la concupiscencia se transforme en caridad y nada en nosotros necesitará ser controlado o estimulado, sino que todo caminará hacia la justicia por el camino de la concordia: se hará la voluntad de Dios, así en la tierra como en el cielo. Cuando pedimos esto, anhelamos la perfección (Disc.56,5,8)
6 – “Danos hoy nuestro pan de cada día”. Danos los bienes eternos, pero también danos los bienes temporales, en este momento y en todos los momentos de la vida. Tu Palabra y el Sacramento del altar, cuya virtud es producir la unidad (Serm. 57,7,7) – A partir de esta petición te proclamas mendigo de Dios Esatto: (Serm. 56,6,9)
7 – “Perdónanos nuestras deudas”. El perdón de los pecados se otorga todos los días para que la ira no envejezca en nuestros corazones conviertiéndose en odio. Limpien todos los días sus corazones, casa de Dios, porque en esta tierra no pueden vivir sin deudas (Serm. 58,7,8)
8 – “No nos dejes caer en la tentación”. No hay que temer a ningún enemigo exterior: véncete a ti, y el mundo está vencido (Serm. 57,9) –Satanás nos tienta, , no por su poder, sino con permiso del Señor para castigar a los hombres por sus pecados o para probarlos y ejercitarlos en referencia a la misericordia de Dios (Serm. mon. 2,9,34)
9 – “Líbranos del mal”. Hermanos míos, esto es absolutamente verdadero, absolutamente cierto e indudable: si Dios te libera del hombre malo que eres tú, ningún otro hombre malo te dañará, sea quien sea (Serm. 297,6,9) –
10 – Las últimas palabras de la oración del Señor tienen un significado tan amplio que un cristiano, sometido a cualquiera tribulación gime con esa fórmula, con ella llora, por ella comienza, en ella se para y por ella termina la oración. Era menester valerse de palabras para imprimir en nuestra memoria las realidades mismas (Cart. 130,11,21)
c) La mística
Buscar-encontrar
1 – Dios será para nosotros todo aquello que aquí deseamos fuera de él y que suele ser nuestro pecado contra él (Serm. 334,3)
2 – La investigación es un deseo de descubrir y reproducir. Las cosas que se reproducen son como si hubieran sido generadas. Y esto sucede en el proceso del conocimiento. El deseo que inspira la investigación, procede de quien lo busca y, de alguna manera, se suspende y no descansa en el término al que tiende, excepto cuando lo que se busca, una vez encontrado, se una con el que lo busca. Y este apetito, es decir, esta búsqueda, aunque no parezca ser amor -porque con el amor se ama lo que se conoce , mientras que aquí se trata solamente de una tendencia a conocer- pero es algo del mismo tipo. De hecho, ya se la puede llamar voluntad, porque quien busca encuentra y, si busca algo que pertenece al conocimiento, quien busca desea encontrar. Y si lo desea con ardor e insistencia, decimos que ‘estudia’. Por lo tanto, el parto del alma está precedido por un deseo, gracias al cual uno busca y encuentra lo que quiere conocer. Y este mismo deseo, que empuja hacia la cosa que se desea conocer, se convierte en amor por la cosa conocida cuando posee y abraza a esta descendencia en la que se complace, es decir el conocimiento, y la une al principio generador (Trin. 9, 12,18)
3 – Percibimos en nosotros mismos un movimiento misterioso hacia esa fuente de la cual la luz nos llega, aunque atenuada. Creo, oh hermanos, que al hablar de estas cosas y meditar sobre ellas, nos entrenamos… Antes no sospechabas que existiese la luz; pero ahora, guiado por la razón, te has acercado y has fijado tu mirada. Ahora sabes con certeza que existe lo que quieres ver: pero también sabes que aún no eres capaz de fijar tu mirada … Si el amor a la luz no actúa en ti, actúe al menos el miedo al dolor (Tr.Ev.Jn. 18,11)
4 – Lloro todas las noches, dice el salmista (6,7); arderé en deseo de la luz. El Señor ve mi deseo. ¿Deseas a Dios? ¿Quién ve tu deseo sino Dios?¿A quién pides que te dé a Dios sino a Dios? Su persona se le pide a él mismo, que ha prometido su persona. Ensanche el alma su avidez y busque recoger en un regazo más capaz lo que ni ojo vio ni oído oyó ni a corazón de hombre ascendió. Puede ser deseado, puede ser anhelado, puede suspirarse por ello; no puede ser pensado dignamente ni las palabras pueden explicarlo (Tr.Ev.Jn. 34,7)
5 – “Pero ¿cuándo llegaré?” dice el salmista (41,4). Lo que es rápido para Dios, es lento para el deseo (Com. Sal. 41,5)
6 –Los que están sedientos de Dios, lo deben estar en todos los aspectos: alma y cuerpo, puesto que Dios al alma le da su pan, que es la palabra de la verdad; al cuerpo Dios le da lo que necesita. Que uno y otro sientan sed de Dios, y sáciense con sencillez por su cotidiano trabajo (Com. Sal. 62,7)
7 – La oración pura purifica nuestro caminar, esto es, el camino por donde caminamos a la perfección; y la oración es pura cuando oramos con verdad para que, al no ser objeto de reprensión lo que no es objeto de culpa, nuestro caminar hacia la perfección sea irreprensible, sin tacha, de tal modo que, cuando hayamos llegado a ella, no haya en absoluto ya nada que purificar con el perdón (Perf. just.h. 9,20)
8 – Apenas se busca a Jesús por Jesús (Tr.Ev.Jn. 25,10) – Búsquenlo con humildad; pues, una vez que le hayan hallado, llegarán a la excelsitud más segura (Serm. 216,8)
9 – Debes correr con el sentimiento, caminar con el amor y ascender mediante la caridad (Serm. 91,7) – Pide, busca, llama. Pides orando, buscas llamando y llamas dando limosna. No descanse, pues, tu mano (Serm. 389,2)
10 – Quien busca con gran ardor, e insiste piadosamente con constante perseverancia, encuentra la verdad. Los hombres pueden traer en cierto modo a la memoria las cosas mediante los signos que son las palabras, pero quien enseña es el único verdadero maestro, la misma verdad incorruptible, el único maestro interior… Primero debemos preguntar qué es una determinada cosa y luego de dónde provenga (Rép. Cart. Man. 36,41)
11 – Alabarán al Señor los que lo buscan, porque los que lo buscan lo hallan y los que lo hallan lo alabarán. Que yo, Señor, te busque invocándote y te invoque creyendo en ti (Conf. 1,1,1) – Nada podemos decir de auténtico a los hombres si antes no la oyeras tú de mí, ni tú podrías oír algo tal de mí si antes no me lo hubieses dicho tú a mí (Conf. 10,2,2)
12 – ¿Qué importa que alguien no entienda estas cosas? Gócese éste aún así y desee más encontrarte no indagando que indagando no encontrarte (Conf. 1,6,10)
13 – ¡Oh hombre!, ¿hasta cuándo vas a estar girando en torno a las criaturas? Vuélvete a ti mismo, mírate a ti mismo, contémplate, examínate.Con toda certeza, en ti puedes buscar algo que te es más conocido y mejor que esos seres que te rodean. Busca en ti mismo por si, tal vez, la imagen de la Trinidad tiene alguna huella de la Trinidad misma. Yo buscaré; pero ustedes buscquen conmigo. No yo en ustedes o ustedes en mí, sino ustedes dentro de ustedes mismos, y yo dentro de mí. Busquemos conjuntamente y exploremos juntos hasta el final nuestra común naturaleza y sustancia (Serm. 52,6,17)
14 – ¿Qué buscas fuera de lo que eres, cuando te es posible ser tú lo que estás buscando? (Com. Sal. 41,1)?
15 – Quien lea este trabajo, avance conmigo si tiene mi propia certeza, investigue conmigo si comparte mis dudas; pase a mi campo cuando reconozca su error, y enderece mis pasos cuando me extravíe. Así marcharemos, con paso igual, por las sendas de la caridad en busca de aquel de quien está escrito: “Buscad siempre su rostro”. Con esta disposición de ánimo piadoso y sereno querría encontrarme unido, en presencia del Señor, nuestro Dios, con los lectores de todos mis libros (Trin. 1,3,5)
16 – Buscamos a Dios para hallarlo con más dulzura, lo encontramos para buscarlo con más anhelo (Trin. 15,2,2)
17 – Tengamos esto presente, y conoceremos que es más seguro el deseo que nos impulsa a conocer la verdad que la necia presunción del que toma lo desconocido como cosa sabida. Busquemos como si hubiéramos de encontrar, y encontremos con el afán de buscar (Trin. 9,1,1)
18 – Y así, buscando avanzamos, encontrando alcanzamos una etapa, buscando y hallando alcanzaremos la meta, y allí finalmente terminaremos la búsqueda, donde la perfección ya no necesitará progresar (Tr.Ev. Jn. 63,1)
Contemplación – acción
1 – La caridad de la verdad busca el ocio santo, y la urgencia de la caridad acepta la debida ocupación (Otium sanctum quaerit caritas veritatis; negotium iustum suscipit necessitas caritatis) (Ciu. 19,19)
2 – No estén en la quietud de la pereza, sino en la quietud del pensamiento, para que puedan liberarse del condicionamiento del espacio y el tiempo (Ve.Re. 35,65)
3 – Nadie debe ser tan libre de dedicarse a la búsqueda de la verdad, sin finalizarla para la utilidad de los demás; nadie debe ser tan activo como para no buscar la contemplación de Dios (Ciu. 19,19)
4 – Un ánimo demasiado atento a los actos humanos se vacía en cierto modo de Dios, y se llena de él tanto más cuanto más libremente tiende a las cosas superiores y eternas (Cue.Hep. 2,68)
5 – La contemplación de la sabiduría es interna y secreta, lejos de cualquier sensación corporal: también se la puede llamar “sueño” (Rép.Gén. c. Man. 2,12,16)
6 – La felicidad se consigue con la acción y el conocimiento; la acción pide la moralidad de los actos y la contemplación, la revelación de la verdad. De ellas, la primera se debe pedir; la segunda hay que investigar, a fin de que la primera se nos dé y la segunda la encontremos. Sin embargo, en esta vida el conocimiento es más bien del camino que de la misma posesión. Pero cuando alguien hubiera encontrado el camino verdadero, llegará a la misma posesión, la que ciertamente le será abierta a quien pulse (Serm. mon. 2,21,71)
7 –Todas las funciones de la acción tienen como meta ese fruto de la contemplación (Tr.Ev.Jn. 101,5)
8 – “María eligió la mejor parte, que no le será quitada” (Lc 10,42). Eligió la contemplación, escogió el vivir de la Palabra. ¿Cómo será el vivir de la Palabra sin palabras? Ella vivía ahora de la Palabra, pero mediante palabras sonoras. Habrá otro vivir de la Palabra, pero sin palabra alguna que suene. La misma Palabra es la vida. Seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es (Serm. 169, 17)
9 – En el espíritu de todo hombre existe un cierto connubio racional entre la contemplación y la acción, con reparto de empleos diversos, aunque conservando siempre la unidad del espíritu (Trin. 12,12,19)
10 – La acción conlleva la preocupación a que da origen la necesidad; la contemplación, la dulzura que origina la caridad. Las ocupaciones son muchas, variadas, transitorias, y el alma se encuentra dividida e inquieta … Algún día se te quitará a ti el peso de la necesidad; la dulzura de la verdad, en cambio, es eterna (Serm. 103,4,5)
11 – Mientras todavía vivimos en el cuerpo, hemos de poner la atención no en las cosas que tenemos delante y presentes, sino en las que vendrán en el futuro. De aquí nace la contemplación. Y así es también la Iglesia porque ve en la distancia desde una posición elevada. Mira a lo lejos: y esto es la contemplación (Com.Sal. 101,2,4)
12 – Cuando pensamos en esa paz que tienen ustedes (monges) en Cristo, también nosotros reposamos en vuestra caridad, aunque vivamos en medio de duros y múltiples trabajos. Somos un solo Cuerpo bajo una Cabeza, para que ustedes sean activos en nosotros y nosotros seamos contemplativos en ustedes (Cart. 48,1)
13 – No antepongan su paz, hermanos, a las necesidades de la Iglesia; pues si no hubiese buenos ministros que se determinasen a asistirla, cuando ella da a luz, no habrían encontrado medio de nacer en la vida espiritual. Como entre el fuego y el agua hay que caminar sin ahogarse ni abrasarse, del mismo modo hemos de gobernar nuestros pasos entre la cima del orgullo y el abismo de la pereza, no declinando ni hacia la derecha ni hacia la izquierda (Cart. 48,2)
14 – Por la grandeza y hermosura de las criaturas podían racionalmente conocer al Creador de éstas (Sab. 13,5). Así que nadie juzgue vano e inútil mi intento de comenzar por las criaturas, que en su orden son como bocetos de trinidad, para elevarme, gradualmente, hasta el espíritu del hombre: busqué en las criaturas rastros de esa suprema Trinidad, que buscamos cuando buscamos a Dios (Trin. 15,2,3)
15 – Uno debe pensar en serio únicamente en la muerte. El Señor concedió a algunos, que no sólo esperaran la muerte con fortaleza, sino que la desearan vivamente; en cambio a los otros, que viven ocupados en los diferentes ministerios, arrastrados por el deseo del honor temporal, creo que no se les concede ese tan gran bien de tratar con la muerte la familiaridad que buscamos en medio del estrépito, de las reuniones y correrías tumultuosas. De hecho, sólo en la tranquilidad contemplativa se le otorgaría a unos y otros “indiarsi”, es decir, licuarse en Dios. Pero si eso es falso, entonces yo soy el más necio o el más indolente entre todos los hombres, pues si no disfruto de una tranquilidad sin preocupaciones, no puedo gustar ni amar ese bien. Es preciso, créeme, un gran aislamiento del tumulto de las cosas pasajeras para que un hombre logre no tener miedo a nada, no por dureza, o por audacia, o por codicia de la gloria vana, o por una credulidad supersticiosa. De aquí brota también aquel gozo sólido que no admite comparación por parte alguna con cualesquiera otras alegrías (Cart. 10,2)
16 – La actividad del alma que tiende al descanso debe ser seguir el camino de Cristo mansa y humilde… Las buenas acciones por sí mismas llevan al alma a la quietud, en la cual uno siempre permanece vigilante (Com.Sal. 114,6)
Los siete grados de la vida del alma
1 – En primer lugar, ella -fácilmente lo puede observar cualquiera- vivifica con su presencia nuestro cuerpo terreno y mortal; lo unifica y lo mantiene uno y no le deja disgregarse ni consumirse; hace que los alimentos sean distribuidos uniformemente por los miembros, dando a cada uno lo suyo; conserva su armonía y proporción, no sólo en cuanto a la hermosura, sino también en su crecimiento y reproducción. Mas estas cosas pueden considerarse comunes al hombre y a las plantas (Dim. an. 33,70).
2 – En segundo lugar, el alma preside la vida de los sentidos. Se expresa como movimiento en el tacto, gusto, olfato, oído y vista que percibe, y apetece formas, sabores, olores y sonidos útiles para su cuerpo y rechaza las contrarias. Se retira de los sentidos por un cierto intervalo de tiempo, yendo, por así decirlo, de vacaciones, repasando las imágenes de las cosas que ha adquirido por medio de ellos. Gobierna la estética del movimiento y toda la actividad sexual, tendiendo a la unión de los dos sexos a través de una relación basada en el amor. La vivacidad de todas las experiencias de las cosas, a las que está vinculada o de la que se desprende, se llama memoria. Estas funciones, al menos en parte, también pueden darse en los animales (ivi 33,71)
3 – El tercer grado es ya propio del hombre y consiste en la transmisión documentada de innumerables hechos establemente conservados y producidos por el ingenio humano: técnicas artesanales, cultivo de campos, construcción de ciudades, monumentos y maravillas artísticas, alfabeto e idiomas para transmitir la memoria del pasado a las generaciones futuras, la organización de la vida política y familiar. Grandes son estas cosas y perfectamente adecuadas al hombre; pero todavía son comunes a doctos e indoctos, a buenos y a malos (ivi 33,72)
4 – Con el cuarto grado comienza la vida moral y espiritual. Es aquí donde el alma se atreve considerarse superior, no sólo a su cuerpo, sino también al mismo universo, y a no considerar los bienes del cuerpo como suyos, y, comparados esos bienes con su poder y hermosura, a diferenciarlos y despreciarlos. Cuanto más se deleita en sus bienes, tanto más se abstrae de lo inmundo, se purifica toda y se vuelve mundísima y perfecta, se fortifica contra todas las cosas que intentan separarla de su firme propósito; aprecia en mucho la compañía humana y no quiere para los demás lo que no quiere para sí; obedece a la autoridad y a los preceptos de los sabios y cree que Dios le habla por medio de ellos. En esta preclara actividad del alma hay aún trabajo y grande lucha contra las adversidades y halagos de este mundo. En el mismo trabajo de purificación existe el miedo de la muerte, a veces no grande, pero otras vehementísimo; de acuerdo con la purificación del alma y la firmeza de la fe en Dios (ivi 33,73)
5 – El quinto grado se realiza cuando el alma estará libre de toda imperfección y limpia de manchas, entonces, finalmente, se alegrará sobremanera en sí misma, ni temerá absolutamente nada por sí, ni se angustiará lo más mínimo por cualquier asunto suyo. En este estado, posee establemente el resultado y no consiente volver a contaminarse. En este grado, llega a captar su grandeza en todas sus facetas; es entonces realmente cuando tiende hacia Dios con una inmensa e increíble confianza, es decir, tiende a la contemplación misma de la verdad y a aquel altísimo y misterioso premio por el que tanto ha trabajado (ivi 33,74)
6 – La tendencia a tener inteligencia de los diversos objetos que están en el más alto grado de inteligibilidad es la mirada suprema del alma: el sexto grado de su vida. El ojo del alma dirige constantemente su mirada serena y segura sobre el objeto de visión. El espíritu bien dirigido es aquel por el cual el alma no puede perderse por error en la búsqueda de la verdad. Pero esto no es posible si el corazón no se aparta y libera del deseo de cosas perecederas (ivi 33,75)
7 – El séptimo y último grado consiste en la misma visión y contemplación de la verdad, y no es ya grado, sino cierta mansión adonde se llega a través de los grados, ¿cómo expondré yo las alegrías, el goce del supremo y verdadero bien, la inspiración de su serenidad y eternidad que allí habrá? Grandes e incomparables almas hablaron de estas cosas cuanto creyeron conveniente. Claramente me atrevo a decirte ahora esto. Nosotros, si observamos constantemente el camino que Dios nos manda y que tomamos para seguirle, hemos de llegar por la Virtud y Sabiduría de Dios, a aquella suprema causa, o al supremo autor, o al supremo principio de todas las cosas, o llámese como se quiera con más propiedad a cosa tan grande. Visto esto, comprenderemos verdaderamente cómo todo debajo del sol es vanidad de los que devanean… Será permitido conocer la gran diferencia que hay entre las realidades aparentes y las que verdaderamente son, y cómo, no obstante, aun estas mismas cosas fueron creadas por su autor, Dios. Entonces comprenderemos cuán verdaderas son las realidades que se nos ha mandado creer, cuán óptima y saludablemente fuimos alimentados con la leche de nuestra madre Iglesia, nutrimento para los pequeños. Es utilísimo recibir este alimento, despreciarlo es lamentable; odiarlo es criminal e impío; pero administrarlo y es muy laudable y caritativo (ivi 33,76)
Experiencias místicas de Agustín
1 – (En Milán, un año antes del bautismo, primavera del año 386) No están sanos aquellos a quienes les desagrada alguna de tus criaturas, como no lo estaba yo cuando me desagradaban muchas de las cosas hechas por ti… Sin embargo, cuando, a escondidas, tomaste mi cabeza en tus brazos y cerraste mis ojos para quitarles la visión de cosas vanas, me retiré un poco de mí mismo, y mi locura se calmó; y cuando desperté en ti, te vi de otra manera infinito; y esta visión no procedía de la carne (Conf. 7,14,20)
2 – (En Milán, en el jardín de su casa, fines del verano del año 386) Pero, apenas una alta consideración sacó del profundo de su secreto y amontonó toda mi miseria a la vista de mi corazón, estalló en mi alma una tormenta enorme, que encerraba en sí copiosa lluvia de lágrimas… tirándome debajo de una higuera, no sé cómo, solté la rienda a las lágrimas, te dije muchas cosas como éstas: ¡Hasta cuándo, Señor, has de estar irritado! No te acuerdes más de nuestras maldades pasadas.¿Por qué no poner fin a mis torpezas ahora mismo?»… Pero he aquí que oigo de la casa vecina una voz, como de niño o niña, que decía cantando y repetía muchas veces: «Toma y lee, toma y lee» (tolle lege, tolle lege)… Así que, apresurado, volví al lugar donde estaba sentado Alipio y yo había dejado el códice del Apóstol al levantarme de allí. Lo tomé, lo abrí y leí en silencio el primer capítulo que se me vino a los ojos, que decía: “No en orgías y borracheras, ni en inmoralidad sexual y libertinaje, ni en disensiones y envidias. Más bien, revístanse ustedes del Señor Jesucristo, y no se preocupen por satisfacer los deseos de la naturaleza pecaminosa”. No quise leer más, ni era necesario tampoco, pues al punto que di fin a la sentencia, como si se hubiera infiltrado en mi corazón una luz de seguridad, se disiparon todas las tinieblas de mis dudas (Conf. 8,12,28-29)
3- (Extasis ei Ostia con la madre Mónica, fines del verano del año 387) Recorrimos gradualmente todos los seres corpóreos, subimos todavía más arriba, y pasamos también nuestras almas, a fin de llegar a la región de la abundancia indeficiente, allí donde la vida es Sabiduría… Y mientras estamos hablando y suspirando por ella, llegamos a tocarla un poco con todo el ímpetu de nuestro corazón; y suspirando y dejando allí prisioneras las primicias de nuestro espíritu (Conf. 9,10,24)
4 – (Estudiando filosofia) Cuando el alma haya actuado en sí la unidad, el orden, la armonía y la belleza, podrá ver a Dios y a la fuente misma de la que brota toda verdad y al mismo Generador de la verdad. ¡Oh gran Dios, cómo serán entonces aquéllos ojos! ¡Cuan puros y sanos, cuan vigorosos y firmes, cuan serenos y dichosos! ¿Y qué es lo que ven, dímelo, por favor? Sólo disponemos del caudal de las palabras usuales, que se vuelven profanas porque son adecuadas sólo para expresar cosas banales. No puedo decir más nada, sólo que se nos promete la visión de una Hermosura por cuyo reflejo son bellas, en cuya comparación son deformes todas las demás. La alcanzará el que vive bien, el que ora bien, el que busca bien filosofar (Ord. 2,19,51)
5 - (Estudiando la S. Escritura) Y si ahora, mi voz y mi pluma te confesaran todo cuanto me has dado a entender acerca de esta cuestión, ¿quién de los lectores tendrá paciencia para recibirlo? Sin embargo, no por eso cesará mi corazón de darte gloria. Y entonarte un cántico de alabanza por las cosas de que no es capaz de decir (Conf. 12,6,6)
6 – (Orando a Dios) Dios, en quien están todas las cosas, pero sin afearte con su fealdad ni dañarte con su malicia o extraviarte con su error. Dios, Padre de la Verdad y de la Sabiduría, Padre de la verdadera vida y de la bienaventuranza, Padre de lo bueno y hermoso, Padre de nuestro despertar y de nuestra iluminación, Padre de la Prenda que nos amonesta volver a ti: yo te invoco. Dios, a quien nos despierta la fe, levanta la esperanza, une la caridad; Dios, por quien aprendemos que es ajeno lo que alguna vez creímos nuestro y viceversa; Dios, por quien el sometimiento a la multiplicidad no nos impide ser uno; Dios, que nos despojas de lo que no es y vistes de lo que es; Dios, que nos vuelves al camino y nos acompañas a la puerta (de la vida); Dios, que nos purificas y preparas para el divino premio, acude propicio en mi ayuda (Sol. 1,1,2-3)
7 – Ahora te amo a ti solo, a ti solo sigo y busco, a ti solo estoy dispuesto a servir, porque tú solo justamente señoreas; quiero pertenecer a tu jurisdicción. Manda y ordena, te ruego, lo que quieras, pero sana mis oídos para oír tu voz; sana y abre mis ojos para ver tus signos; destierra de mí toda ignorancia para que te reconozca a ti. Dime adónde debo dirigir la mirada para verte a ti, y espero hacer todo lo que mandarás. Ahora comprendo la necesidad de volver a ti … y sólo tengo buena voluntad. Si llegan a ti con la fe, con la virtud o con la ciencia, dame la fe, virtud y ciencia. Aumenta en mí la fe, la esperanza y la caridad. ¡Oh cuán admirable y singular es tu bondad! (Sol. 1,1,5)!
Elevaciones místicas de Agustín
1 – Una vida moralmente digna ayuda a entender; una cierta forma de vida conduce a un correspondiente ideal de vida (Com.Ev.Jn. 18,7) – El Verbo encarnado es un gran misterio: para poder comprenderlo hay que adaptar las costumbres (Serm. 91,3,3)
2 – ¡Grandiosos misterios! Eran obras maravillosas, pero obras que hablaban. Esas acciones, si las comprendes, son palabras (Serm. 95,3) – Mantén escondido el misterio pero usa la palabra al descubierto (Serm. Nu. 24,3) – Es mucho conocer todos los misterios de Dios; por muchos misterios que conozcamos, ¿quién los conoce todos? (Serm. Ces. 3)?
3 – Quedando a salvo la integridad de mi fe y permaneciendo en el secreto las ocultas obras de Dios (Nat. y or. al.. 4,11,16) – He hablado como he podido, y como he podido he visto, pero no puedo decirlo como lo veo (Com. Sal. 35,14)
4 – Callen las voces humanas y que se resignen los pensamientos de los hombres ; no se entreguen a las cosas incomprensibles como si hubieran de comprenderlas, sino como seres que han de participar de ellas, pues seremos participantes. No seremos lo que percibimos ni lo percibimos todo; pero seremos partícipes (Com. Sal. 146,11)
5 – Grande es el sonido de la voz de Dios en el gran silencio del corazón, cuando dice con fuerte voz: Yo soy tu salvación (Com. Sal. 38,20) – Para elevarnos al silencio divino, aceptamos las condiciones del lenguaje humano (Rép. Ad. 11)
6 – En el Verbo del Padre, Cristo, descansan los ángeles y todos los más puros espíritus celestiales en un sagrado silencio (Cat. pri. 17,28)
7 – Es como quitar un juguete divertido pero peligroso de las manos de un niño, reemplazándolo con algo más útil para alguien que ya está volviéndose grande, para que no se arrastrarse más por el suelo, sino que empiece a caminar. Levántate, busca, suspira, anhela con ardor, llama a la puerta cerrada. La vida de las bestias arde en placeres terrenos: la vida de los ángeles es celestial, la vida de los hombres es intermedia entre la de los ángeles y la de las bestias. El hombre que vive según el espíritu, se asocia a los ángeles. Investiga también si eres pequeño o grande respecto a la vida angélica (Tr.Ev.Jn. 18,7)
8 – Estemos unidos en sentir el temor para no perecer en el error. ¡Investiga lo inescrutable; haz lo imposible, corrompe lo incorruptible, ve lo invisible! (Serm. 26,13)
Agustín se confiesa a Dios
1 – Señor, haz que tú seas para mi más dulce que todas las atracciones detrás de las cuales corrí; haz que te ame fortísimamente y que estreche tu mano con todo mi corazón y me libres de toda tentación hasta el fin (Conf. 1,15,24)
2 - Señor, tú nos das el dolor como maestro y hieres para sanar, y nos das muerte para que no muramos sin ti. (Conf. 2,2,4)
3 – ¡Oh Dios compasivo! Tú, Dios mío, que amas las almas, y sientes por ellas una misericordia infinitamente más pura e incorruptible que nosotros, porque ningún dolor te lastima. Pero ¿quién será capaz de llegar a esto? (Conf. 3,2,3)?
4 – Dios mío, tu eras más interior que lo más íntimo mío y más elevado que lo más sumo mío (Inrtimior intimo meo et superior summo meo) (Conf. 3,6,11)
5 – Bueno, Señor, actúa, despiértanos y llámanos, ilumina y secuestra, quema, sé dulce. Amemos, corramos (Conf. 8,4,9)
6 – Dios mio, mi confesión en tu presencia, se hace callada y no calladamente: calla la voz, clama el corazón. Porque ni siquiera una palabra de bien puedo decir a los hombres si antes no la oyeras tú de mí, ni tú podrías oír algo tal de mí si antes no me lo hubieses dicho tú a mí (Conf. 10,2,2)
7 – Tú, Médico mío íntimo, hazme ver claro con qué fruto hago yo esto. Porque las confesiones de mis males pasados —que tú perdonaste ya y cubriste, para hacerme feliz en ti, cambiando mi alma—, cuando son leídas y oídas, excitan al corazón para vigilar en el amor de tu misericordia y en la dulzura de tu gracia (Conf. 10,3,4)
8 – No con conciencia dudosa, sino cierta, yo te amo, Señor. Heriste mi corazón con tu palabra y te amé. Mas también el cielo y la tierra y todo cuanto en ellos se contiene he aquí que me dicen de todas partes que te ame; ni cesan de decírselo a todos, a fin de que sean inexcusables (Conf. 10,6,8)
9 – Ésta es la felicidad: gozar para ti, de ti y por ti (gaudere de te, ad te, propter te), y no hay otra cosa (Conf. 10,22,32)
10 – ¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Sí, porque tú estabas dentro de mí y yo fuera. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo (Conf. 10,27,38)
11 – Concede, ¡oh Dios!, a los hombres ver en lo pequeño las nociones comunes de las cosas pequeñas y grandes (Conf. 11,23,29)
12 – Señor, Padre mío eterno; en tanto que yo me he descuajado en los tiempos, cuyo orden ignoro, y mis pensamientos —las entrañas íntimas de mi alma— se desgarran por las tumultuosas variedades, hasta que, purificado y derretido en el fuego de tu amor, sea fundido en ti (Conf. 11,29,39)
13 – Dios mío, háblame tú verazmente en mi corazón. Entro en mi estancia secreta y te canto un cántico de enamorado, gimiendo con gemidos inenarrables en mi peregrinación; acordándome de Jerusalén, mi patria y mi madre, y de ti, su Rey sobre ella, su iluminador, su padre, su tutor, su esposo, sus castas y grandes delicias, su sólida alegría y todos sus bienes inefables, a un tiempo todos; porque tú eres el único, el sumo y verdadero Bien (Conf. 12,16,23)
14 – ¡Oh Señor Dios!, ten compasión, para que los transeúntes no pisoteen al polluelo implume (implumem pullum), y envía a tu ángel para que lo reponga en el nido, a fin de que viva hasta que sepa volar (Conf. 12,27,37)
15 – Mi peso es mi amor, él me lleva doquiera que me dirijo. Tu Don nos enciende y nos lleva hacia arriba. Nos enardecemos y caminamos. Subimos las ascensiones dispuestas en nuestro corazón y cantamos el Cántico de las gradas o subidas. Con tu fuego, sí; con tu fuego santo nos enardecemos y caminamos, subiendo hacia la paz de Jerusalén. Qué alegría para mí escuchar estas palabras: “Iremos a la casa del Señor”. Allí nos colocará la buena voluntad, para que no queramos más que permanecer eternamente allí (Conf. 13,9,10)
16 – Algunas de nuestras obras pueden ser buenas, pero no eternas; sin embargo, después de ellas esperamos descansar en tu santidad grandiosa. Pero tú, bien que no necesitas de ningún otro bien, estás en reposo, porque tú mismo eres tu reposo. Pero ¿qué hombre dará esto a entender a otro hombre? ¿Qué ángel a otro ángel? ¿Qué ángel al hombre? A ti es a quien se debe pedir, en ti es en quien se debe buscar, a ti es a quien se debe llamar: así, así se recibirá, así se encontrará, así se abrirá (Conf. 13,38,53)
Tocar el infinito
1 – ¿Qué otra cosa es vivir felizmente sino poseer, conociéndolo, algo que es eterno? Luego, lo eterno es equivalente a poseer y conocer.Pero todo lo que se posee por la mente, se posee conociendo, y ningún bien se conoce perfectamente si no se ama perfectamente. Como la mente sola no puede conocer, así tampoco sola puede amar. El amor es de hecho una tensión y vemos que incluso en otras partes del alma hay un apetito, el cual, si está de acuerdo con la mente y la razón, nos permitirá contemplar con la mente, en esta paz y tranquilidad, lo que es eterno. Luego el alma debe amar también con las otras partes suyas eso tan grande que debe ser conocido por la mente. Y porque eso que se ama es necesario que afecte de suyo al amante, sucede que lo eterno es amado de tal manera que afecta al alma con la eternidad. En consecuencia, ésa es precisamente la vida feliz que es eterna. Y ¿qué es lo eterno que afecte al alma con la eternidad sino Dios? (Och.cu.dif. 35,2)
2 – ¿Qué es una larga vida del hombre, comparada con la eternidad de Dios? ¿Quieres ser paciente? Mira la eternidad de Dios… ¿Por qué te impacientas tú e impacientas a los demás? Dios es eterno, espera, es paciente. Une tu corazón a la eternidad de Dios, y serás eterno con él (Com.Sal. 91,8)
3 – ¿Qué otro puede ser nuestro fin sino llegar al reino que no tiene fin? (Ciud.22,30,5)?
4 – En esta vida, hermanos, debemos comprometernos totalmente a sanar el ojo de nuestro corazón para llegar a ver a Dios. Este es el propósito al que tiende la celebración de los santos misterios, la predicación de la palabra de Dios, las exhortaciones morales de la Iglesia sobre la corrección de las costumbres y la enmienda de las pasiones carnales; el deber de renunciar al mundo no solo con palabras sino con el cambio de vida; este es también el propósito al cual las Sagradas Escrituras constantemente apuntan: purificar nuestra intimidad de lo que impide la visión de Dios (Serm. 88,5,5)
Textos traducidos por María Beatriz May y María del Carmen.