Santuario della Madonnetta

Agostino contempla la Parola di Dio

Los tres panes

Cuando llegues a los tres panes, o sea a alimentarte de la Trinidad y a entenderla, tendrás lo suficiente para vivir y nutrir a los demás. No debes temer de un extranjero que llega de un viaje, pero acogiéndolo, trata de hacerlo un ciudadano, un miembro de tu familia, sin temor de acabar tus víveres. Ese pan no tendrá fin, pero terminará con tu indigencia. Es pan Dios Padre, es pan Dios Hijo, es pan Dios Espíritu Santo. Eterno es el Padre, coeterno es el Hijo, coeterno es el Espíritu Santo. Inmutable es el Padre, inmutable es el Hijo, inmutable es el Espíritu Santo. Creador no es solo el Padre, sino que también son el Hijo y el Espíritu Santo. Pastor y donador de vida no es solo el Padre, sino también, el Hijo y el Espíritu Santo. Comida y pan eterno lo es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo Aprende y enseña: vive y alimenta. Dios, el cual te da nada mejor que Si mismo. Oh avaro!, ¿qué otra cosa mejor buscabas? Aunque si pidieras otra cosa, ¿cómo te alcanzaría si no te alcanza Dios? (Sermòn 105, 3, 4). ¿Quieres disputar conmigo? Más vale, maravillate y exclama conmigo: ¡Oh abismos de la riqueza! Sobresaltemos los dos y repitámoslo juntos. Estemos unidos en el temor para no perecer en el error: ¡Oh abismo de la riqueza, de la sabiduria y de la ciencia de Dios! Cuán insondables son sus designos e inescrutables sus caminos (Rm 11,33)! Investiga lo inescrutable, realiza lo imposible, corrompe lo incorruptible, ve lo invisible (Sermón 26, 13)!

La palabra sin ningún sonido de palabra

Ustedes recuerdan, hermanos míos, el relato evangélico que narra cómo recibieron al Señor, las dos hermanas Marta y María. Marta se dedicaba a los servicios de la casa y se afligía por los quehaceres domésticos. Efectivamente, había recibido en su casa, como invitados, al Señor y sus apóstoles. Se atareaba con atención, devoción y escrúpulos para que Jesús y sus apóstoles no tuvieran percances por falta de consideración. En cambio María, se sentaba a los pies del Señor y escuchaba su Palabra. A Marta, esa actitud la exasperaba, viéndola sentada y del todo indiferente a su traginar, se volvió al Señor: ¿No te importa, Señor, que mi hermana me deje sola en el trabajo? Y el Señor: Marta, Marta, te preocupas y agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada. (Lc 10,38-42). Has elegido una parte buena, pero esta es la mejor. Además lo que elegistes, pasará. Tú sirves a quien tiene hambre y sed, provees lechos a quienes tienen sueño, ofreces hospitalidad a quien quiere entrar en casa; todas estas cosas pasan. Llegará la hora en la que nadie deba tener hambre y sed, nadie tenga que dormir. Por lo que se te quitarán las preocupaciones. María eligió la parte mejor, que no le será quitada. Eligió la contemplaciòn, eligió vivir de la Palabra. ¿Qué cosa será vivir de la Palabra sin ningún sonido de palabra? Ella vivía de la palabra, pero de la palabra que tiene sonido.El vivir de la Palabra será sin ningún sonido de palabra. La Palabra es de por sí, vida. Seremos semejantes a Él, porque lo veremos como Él es. (1 Jn 3,2). Esta era la única cosa: gustar la dulzura del Señor. Esto no nos es posible en la noche de este mundo (Sermón 169,14,17).

La Palabra de Dios es mi adversario

Ponte en seguida a bien con tu adversario mientras vas con él por el camino (Mt 5,25). ¿Pero quién es este adversario?. No es el diablo: jamás la Escritura te exhortaría para que acuerdes con el diablo. Es otro el adversario, que el mismo hombre convierte en adversario. Él, si fuera tu adversario, no estaría contigo de camino; mientras que justamente por esto está contigo en el camino: para ponerse de acuerdo contigo. Si no te pones de acuerdo durante el camino, o sea durante esta vida, te entregará al juez, y el juez al guardia, y te meterán en cárcel. ¿Quién es entonces el adversario? La Palabra de Dios. Ella es tu adversario. ¿Por què es tu adversario? Porque prescribe cosas contrarias a las que tú haces. Ella te dice: Unico es tu Dios, adora al único Dios. Tú, en cambio, abandonando al único Dios, que es el legítimo esposo de tu alma, quieres vivir con los errores y el mal, quieres convivir con ellos, sin repudiar a Dios abiertamente. Como alma adúltera, no abandonas la casa de tu esposo, pero te entregas al adulterio, sin romper el matrimonio con él. Ahora bien, quien obra mal, no quisiera que yo dijese estas cosas. Pero, lo quieran o no, yo hablaré. Si no los exhorto a ponerse de acuerdo con el adversario quedaré yo en conflicto con él. Quien les manda actuar, me ordena hablarles: ustedes, no haciendo lo que les ordena hacer, son sus adversarios. Ustedes y yo seremos sus adversarios si no decimos lo que nos ordena decir. (Sermòn 9,3)

La Palabra de Dios es el adversario de tu voluntad hasta que no seas autor de tu salvaciòn. ¡Oh, cuán bueno y útil es este adversario! Él no desea nuestra voluntad, más bien nuestra conveniencia. Es nuestro adversario hasta que nosotros lo somos de nosotros mismos. Hasta cuándo seas enemigo de ti mismo tendrás como adversaria la palabra de Dios: sé buen amigo de ti mismo y estarás de acuerdo con ella. Escúchala y estarás de acuerdo. No solo no tienes nada que perder, mas en ella te encuentras contigo mismo, tú que te habías perdido. El camino es la vida actual; si hemos estado de acuerdo y consentido a la palabra de Dios, al final del camino no tendremos miedo del juez, ni de la guardia, ni de la cárcel. (Sermón 109, 3).

Maestro de la Palabra, Maestra , la Palabra

A vuestra dulcísima Caridad, como he podido y con la gracia de Dios, he mostrado su Palabra. Actualmente ustedes hacen lo que en el Cielo haremos nosotros. Allá arriba, no habrá más ningún maestro de la Palabra, pero maestra será la Palabra. Por lo tanto a ustedes les toca actuarla, y a nosotros exhortarlos a vivirla. Efectivamente, ustedes son los oyentes de la palabra y nosotros los predicadores. Pero íntimamente, donde nadie nos ve, somos todos oyentes: en el interior, en el corazón, en la mente, allá por donde esté nuestro maestro nos exhorta a alabar. En efecto, yo hablo desde lo externo, Él les da vida desde el interior. Por lo tanto, interiormente, somos todos oyentes; pero todos, ya sea exteriormente o íntimamente a la presencia de Dios, tenemos que ser ejecutores. Claro, yo que les hablo o cualquiera que les predique la palabra, no podemos ver dentro vuestros corazones: no podemos juzgar lo que tienen dentro al pensamiento. Esto es imposible para los hombres, pero no para Dios al que no se le puede esconder el corazón humano. Él se fija con qué empeño escuchas, en que estás pensando, qué comprendes, cuánto aprovechas su ayuda, con cuánta insistencia rezas, cómo imploras a Dios para obtener lo que no tienes y cómo le agradeces por lo que ya tienes. (Sermón 179,7).

Crear con las palabras

Moisés, cuando habla de la creación, dice que es obra de Dios: En un principio Dios creó el cielo y la tierra (Gn1,1). Juan. el evangelista, simplemente afirma: En el inicio era el Verbo (Prólogo). Por lo tanto, si era desde el principio, Él no fue creado, porque junto al Verbo, Dios Padre creó al universo: el Verbo habló y las cosas fueron creadas; ordenó y fueron creadas (Sal 148,5). Una cosa es crear con la palabra, y otra cosa es ser creados por ella; pero Aquel que pronuncia la Palabra posee la Palabra, por lo tanto crea con la Palabra, y si crea con la Palabra, no creó la Palabra. Él es la Palabra. (Sermón 380,3).

Muchas palabras, una sola palabra

Señor Dios nuestro, creemos en ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Porque la Verdad no habráa dicho: Vayan, bauticen a toda la gente en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mt 28,19), si Tú no eras Trinidad. Ni hubieras ordenado, Dios y Señor, que fuéramos bautizados en el nombre de quien no fuese Señor Dios. Dirigiendo mi atención a esta regla de fé, por lo que he podido, por lo que tú me has concedido poder, te he buscado y he deseado ver con la inteligencia lo que he creído, lo que he disputado y por lo que me he empeñado mucho . Señor mi Dios, mi única esperanza, satisfáceme y haz que no me canse de buscarte, pero haz que siempre busque tu rostro con ardor. Dame la fuerza de buscarte, Tú que te has dejado encontrar y me has dado la esperanza de hallarte con un conocimiento siempre más perfecto. Frente a Ti están mi fuerza y mi debilidad: conserva la primera y cúrame de la segunda. Frente a Ti están mi ciencia y mi ignorancia; donde me has abierto, recíbeme cuando entro; donde me has cerrado, ábreme cuando golpeo. Haz que te recuerde, que te comprenda, que te ame. Aumenta en mi estos dones, hasta que me hayas reformado completamente. Libérame, Dios mío, de la multitud de palabras de las que sufro en el interior de mi alma, miserable en tu presencia, y que se refugia en tu misericordia. En efecto, no se calla el pensamiento, aun cuando calla mi boca. Muchos son mis pensamientos futiles: concédeme no consentirlos, y aun cuando les encuentre algún dilecto, al menos que los condene y que no me abandone a ellos como en una especie de sueño. Ni que ellos tomen en mí tanta fuerza de modo que influyan sobre mis actividades, pero que estén lejos de su influjo mis criterios, así como mi conciencia, siempre contando con tu protección. Hablando de Ti, un sabio dijo: podremos decir muchas cosas sin llegar al punto, la suma de todas las palabras es: Él es todo (Eccli 43,29). Pues cuando lleguemos a Tu presencia, cesarán todas estas palabras que pronunciamos sin llegar a Ti. Solo Tú serás todo en todos (cf 1 Cor 15,28) y diremos sin fin, una sola palabra, alabándote en un único impulso y también nosotros llegaremos a ser una sola cosa contigo. Señor, único Dios y Trinidad (Trinidad 15, 28, 15).

Hablar, callar, escuchar

El hombre maldiciente no durará en la tierra, ya que el mal lo llevará hacia la ruina (Sal 139,12). ¿Qué es lo que lo atrae, si no es un hablar por hablar? No se fija en lo que dice: basta que hable. Es imposible que se comporte como corresponde. ¿Cómo será en cambio el siervo de Dios, encendido por esos carbones ardientes de la palabra de Dios y llegado a ser el mismo carbón saludable?. ¿Cómo se comportará? Tiene que aprender a escuchar más que a hablar (cf. St 1,19). Es más: en lo posible, que no desee ser puesto frente a la necesidad de tener que hablar, predicar y enseñar. Hermanos míos, en este momento les estamos hablando para enseñarles algo; pero,¡cómo sería mejor si todos supiéramos ya todo y nadie tuviese que ser maestro de los demás; si no hubiera quién hablara y quién escuchara, pero que todos escuchásemos al Unico del cual se dice: A mis oídos harás sentir gozo y alegría (Sal 50,10)! Deposita tu alegría en la escucha de Dios; cuando hablas que sea sólo por necesidad. ¿Por què querer hablar en cambio de escuchar?. ¿Querer salir de nuestro mundo interior para tener luego tanta dificultad para volver a entrar?. Tu maestro está allí adentro, mientras que cuando quieres ser tú el maestro sales de tu interior para acercarte a los que están afuera.. En efecto, es desde el interior que la verdad nos habla; en cambio cuando hablamos nos dirigimos a quien está fuera de nuestro corazón. Por lo tanto ¡no amemos las cosas exteriores mas bien las interiores! Gocemos de los bienes interiores, y usemos en la medida necesaria de los bienes exteriores ( Comentarios a los Salmos 139,15).

El significado místico de la palabra

Esta frase: “Cuando le fue restituida su tierra” (Sal 96,3) podremos entenderla así: Cuando la carne de Jesús fue resucitada de la tierra de la muerte. De este modo, tomaremos el significado místico sin contraste con el enseñamiento de Cristo. “Tierra restituida” podría corresponder a “carne resucitada”. Efectivamente, todo lo que cantamos en el salmo, tuvo lugar después de la resurrección de Cristo. Escuchemos pues, este salmo rebosante de alegría por la restitución de la tierra al cielo, de la muerte a la vida. Y el Señor Dios nuestro, quiera suscitar en nosotros una esperanza y un júbilo que corresponda a la grandeza de los hechos. Él nos guíe en nuestro hablar para que sea adecuado a las necesidades de vuestros corazones. Todo lo que a través de la contemplación llena de gozo nuestros corazones, lo haga llegar a nuestra lengua, y de nuestra lengua pase a vuestros oídos, y de aquí a vuestros corazones y a vuestras vidas (Comentarios a los Salmos 96,3).

Dios no habla con los ángeles así como hablamos entre nosotros, o con Dios, o con los ángeles, o los mismos ángeles con nosotros, o Dios con nosotros a través de ellos, sea como sea siempre de manera imperceptible, si bien a nosotros nos viene comunicado a través de nuestro modo de entender. La palabra de Dios más alta, antes de haber obrado en el mundo, es la razón inmutable e íntima de la acción misma, porque no tiene un sonido que llega al oído y pasa, pero posee una fuerza que queda más allá del tiempo y obra en el tiempo.  Con ella habla a los ángeles, pero con nosotros habla de otra manera porque estamos en el espacio. Cuando nosotros también, con el oído de la conciencia, percibimos alguna vibración de esta palabra, somos similares a los ángeles. Así que no voy a estar dando, la razón a cada momento del modo de hablar de Dios. Es la Verdad inmutable que inefablemente habla a la mente de la criatura razonable, ya sea directamente o a través de una criatura. Y habla a nuestra mente con conceptos espirituales, o a nuestro cuerpo a través de sonidos sensibles. (Ciudad de Dios 16, 6, 1).

Varios modos de Dios de hablar

Muchos son los modos con los cuales Dios nos habla. A veces nos habla a través de algún instrumento, por ejemplo el libro de la Sagrada Escritura, o habla a través de una Estrella como con los magos (cf. Mt 2, 2). ¿Qué cosa es hablar sino una manifestación de la voluntad? También habla sirviéndose de un sorteo, habla por medio de un ser humano, como por ejemplo por un profeta; habla a través de un ángel, como lo hizo con algunos patriarcas, profetas y apóstoles. Habla en fin a través de una criatura cualquiera, hablante y sonante, como leemos y creemos que han bajado cantando voces desde el cielo. En fin, Dios habla directamente al mismo hombre, no externamente por medio de ojos y oídos, pero interiormente, habla en el alma, de varias maneras: en sueños, embriagando el espíritu del hombre con un éxtasis, o bien en la mente, como cuando cada uno de nosotros intuye la autoridad o la voluntad de Dios. Nadie podrá jamás conocer lo que Dios quiere, si no resuena en su interior, un clamor silencioso de la verdad. Además, Dios habla en la conciencia de los buenos y de los malos: nadie puede aprobar rectamente el bien o desaprobar el mal que hace, si no fuera a través de esa voz de la verdad que alaba o acusa estas cosas en el silencio del corazòn. Y la verdad es Dios en persona (Sermòn 12, 4).

Agustín habla y entiende muchas cosas

Dios dijo : Sea…y esa cosa fue (cf.Gn 1, 1s). Por cada cosa que creó, Él dijo y esa cosa fue. ¿En qué lengua habló? No podemos imaginar a Dios como a un cuerpo, como a un hombre o como a un ángel: aunque si así se manifestó a los padres. Eso no estaba en su naturaleza, pero usó una de sus criaturas sujetas a él, en cualquier otra forma, de hecho, el que es el invisible no podría ser evidente a los ojos de los hombres. Ahora bien, como nuestra parte mejor es la mente, así Aquel que es el mejor de todo es Dios. ¿Cómo puedes concebir algo superior, a través de una cosa inferior? En ti, el cuerpo es inferior a la mente; entre los hombres nada es mejor que Dios. Pues, elévate a ello sirviéndote de tu parte mejor, para llegar, si puedes, a Quien de todos es el mejor. Ahora yo estoy hablando a vuestras mentes; sí, claro, también yo, visible en el cuerpo, miro caras visibles; pero a través de lo que veo hablo a lo que no veo. Dentro de mi, llevo el pensamiento que concebí en el corazón y de allí quiero hacerlo llegar a tus oídos; quiero comunicarte lo que tengo adentro, manifestarte lo que está escondido y trato de hacerlo llegar a tu mente. Primero me recojo frente a tus ojos como si estuviera delante a la puerta de tu mente, y dado que la idea que tengo en la mente es invisible, y no puedo conducírtela, le pongo a disposición el sonido como si fuera un vehículo. El pensamiento es invisible, el sonido es perceptible; pongo lo que es invisible sobre lo que es perceptible y así puedo llegar hasta quien escucha. De este modo sale de mi el pensamiento y llega a ti, sin alejarse de mí. Ahora – si es lícito comparar las pequeñas con las grandes cosas, las bajas con las altas, las humanas con las divinas- Dios hizo exactamente así. El Verbo era invisible junto al Padre; para llegar a nosotros tomó un vehículo, asumió la carne; llegó a nosotros, sin alejarse del Padre (Sermones 223 A, 2).

Textos traducidos por María Beatriz May y María del Carmen.

Torna al capitolo